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de estar lejos el alguacil con sus. corchetes, estos pudieran prenderlo sin darle tiempo á retraerse ñuévánieute. Llegó el día del Corpus; llegaron á bandadas gentes de la villa y de los lugares vecinos para p r e senciar la representación; alguaciles y corchetes situáronse cerca del andamio ó tablado para apartar de él y contener á la miichedunibre que se apiñaba y movía con incesantes oleadas; llegaron las autoridades de la villa y las personas principales que habían de presenciar el espectáculo en lugares preferentes, y comenzó el auto. Al llegar el momento convenido, cuando el mal apóstol besa al Maestro como señal para el prendimiento, el representante que hacía de Judas llevó casi hasta el borde exterior del tablado al q u e hacía de Cristo, y con repentino é inesperado empujón lo echó del andamio abajo. La confusión y el alboroto fueron terribles, sin que pudieran al pronto explicarse lo sucedido nadie más que el alguacil, que se apresuró á sujetar al deudor, el mercader, f ne cerca andaba con cara d e F júbilo al ver realizada su venganza, j Judas, á quien sus compañeros increpa, ban y amenazaban, interrumpiendo la representación del auto, que, sin embargo, sig uió á lo vivo con el más extraño y gracioso realismo. El Cristo preso volvióse hacia sus compañeros, explicando en breves frases la traición de Judas y reclamando su amparo; el que hacía el papel de San Pedro, y ya había sacado la espada para herir al Maleo del auto, juzgó que el alguacil era Maleo más propio, y saltando del tablado al suelo, no se contentó con cortarle la oreja, sino que le abrió la cabeza de una cuchillada. Intervino, por fin, el alcalde, y ayudado por los otros alguaciles y por los corchetes, prendieron á los representantes y al mercader, causante principal de aquel trastorno, dando con todos en la cárcel. La curiosa relación de este suceso, que manuscrita se conserva en el tomo 119 de Papeles varios de la Biblioteca Colombina (Sevilla) y que impresa corrió por aquel tiempo, acaba de este modo: De allí, tomadas las informaciones y ordenado el proceso, con parecer de un muj buen letrado, se declaró la sentencia por el orden siguiente: -V Primeramente mandamos que á y? íí t, por la traición y maldad, le sean dados doscientos azotes. Y al San Pedro declaramos por buen apóstol y fiel. Y al Cristo damos por libre y que no pague lá deuda, 3 al alguacil que se cure de la dicha herida á su costa. De e. sta sentencia apelaron las partes á Valladolid, y no solamente confirmaron la sentencia, mas también loaron la prudencia del juez que lo había sentenciado, que cierto que fué permisión divina. Ko sabemos si entre los papeles que hayan quedado procedentes de la Chancillería de Valladolid existirá ese interesante proceso. Si no hubiera desaparecido, curioso sería conocer los nombres de aquellos sujetos, y particularmente el del juez, que supo dictar sentencia, por lo sabia y prudente, ny menos digna de fama que las tan celebradas de Salomón j de Sancho Panza. La Chancillería de Valladolid, al confirmarla, acreditó una vez más la razón, aunque por ella se llamaba á la capital de Castilla la Vieja el q iicio de la justicia. Fi; i. u i; PÉRKZ Y GONZALRíJ DIBUJOS DE MÉNDEÍ: RRIXGA