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I r i t- 1 iá c f V EL PRIÍSIDENTE ROOSEVELT CAZAKDO E EL COLORADO Fot. Undcrwooíí Uni. ícv vcotí A intervención que lia tomado en las iiegociaciones de paz entre Rusia y el Japón, presta extraordinario relieve á la prestigiosa figura del Presidente de los Estados Unidos de América. Teodoro Roosevelt, á quien durante corto tiempo aborrecimos terriblemente los e, spañoles, es, sin embargo, u n tipo de español antiguo y quijotesco. Teodoro Roosevelt es un hombre sano, fuerte, de altos ideales, absolutamente distinto del tipo convencional que, para andar por casa y para ahorrarnos la molestia de estudiar, nos hemos formado del yanqui de pura sangre. En libros y en discursos, con la palabra, con la pluma, con el rifle, empleando todas las formas de la elocuencia humana, Roosevelt ha proclamado el imperio de los fuertes, pero no en la forma irritante y despectiva en que lo hizo lord Salisbury al hablar de las naciones moribundas. Basta leer los libros de Roosevelt para convencerse de que la fuerza por él preconizada, casi divinizada, es un ideal de justicia y de honradez, digno de ser aprobado por Platón. Lo que en las ideas expuestas por Roosevelt, singularmente en El Ideal de America, falta de altura filosófica, sobra, encambio, de buena, tenaz y enérgica voluntad. Este es un hombre que ve las cosas claras y que pide y exige claridad en todo. Cazador infatigable, él h a sabido acosar á los bisontes, enlazar y domeñar corceles bravos, como un co- di- boy, y con igual audacia y serenidad cazó y persiguió á los infames especuladores que negociaban con la salud, con la seguridad y con la hacienda de los ciudadanos en Nueva York. Un hombre como Roosevelt, que pasó dos años enteros de su vida, cuando ya era su personalidad política saliente, y notable, dedicado á fortalecer- su cuerpo en las faenas del campo y de la caza, sin leer un periódico ni u n libro, para lanzarse con nuevos bríos á la lucha, es siempre un ejemplo digno dé imitación. Y al mismo tiempo (nótese bien) Roosevelt es grande amigo de las artes y de las ciencias. Son despreciables, h a escrito, esos americanos para quienes un poeta presta menos servicios á la nación que un fabricante de clavos. ¿Qué hay. de común entre quien tal piensa y dice y el tipo vulgar y pi- osaico del 3 anqui de zarzuela? M EL P R E S I D E N T E ROOSEVELT