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ANO XV MADRID, 24 DE JUÍTIO DE 1905 NUM. 738 FRAGMENTO DE UN TECHO DEL PiVLACIO D E LA I N F A N T A ISABEL SALA NTRE los apuntes, estudios y bocetos acumulados en el estudio de Sala, destácase el retrato H l de Campoamor. S Pocas obras pictóricas han agitado á los artistas, y aun al público, como este retrato. Es de un parecido admirable; pero lo que contribuyó tanto como esta cualidad á su éxito, fué el gran avance modernista en la técnica de D. Smilio, cuyas obras capitales fueron siempre audazmente innovadoras y revolucionarias. Un retrato á toda luz, con inusitadas vehemencias de color, y, en el que el g r a n p o e t a aparece con el aburguetado porte característico, tan ajeno á las más leves reminiscencias olímpicas, tenía que producir en aquel tiempo impresión profunda. Van transcurridos veinte años y no ha perdido interés. -Campean en la hermosa pintura los caracteres salientes del singularísimo temperamento poético, la astuta malicia y la paternal teriiura que en él coexistían. El mundo oficial desprecia este admirable retrato de Campoamor, porque no ostenta casaca. Reconozcamos en quienes así discurren á los que quisieron someter al poeta á la bufa ceremonia de la coronación, por él rechazada como un insulto. También ha hecho Sala los retratos de Echegaray, Roberto Robert, Fernán- Flor, Picón, Eusebio Blasco, López Silva, Querol, el poeta valenciano y otros muchos. Es de los pocos que saben retratar á la mujer: siente su alma, y esto se nota hasta en las ilustraciones que produce diariamente. Ha hecho los retratos de la infanta Í 3 ulalia, marquesa de la Coquilla, condesa de Montarco, baronesa del Castillo de Chirel, Mai- ía Guerrero... últimamente los de las Sras. Icaza y Chao de Romea. Entre sus grandes obras decorativas figuran un techo incomparable en el antiguo palacio Anglada y otro en el de la infanta doña Isabel. Titúlase el último Las Horas, personificadas por figuras de carácter y actitudes apropiados á su representación en el día y la noche. Divídese en dos partes ó notas: la luz y las tinieblas, armonizadas con gran saber. La idealidad, la elegancia y el colorido son igualmente admirables en esta obra, de la que hoy reproduce BLANCO y N E G R O un grupo. FRANCISCO A L C Á N T A R