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KV- Í. -3 M. EL REY A T. PUICRTA DE NOTRE DAMK nosotros domina. No saben que allí el carácter español, tenido por altivo é intratable, es por naturaleza familiar y sencillo, y que no se notan aquí las diferencias que en otros países, más liberales en apariencia, separan á todas las clases de la sociedad. La tradición española délos tiempos gloriosos nos habla de reyes que antes han estado unidos y en confianza y trato constante con el pueblo que con la más alta nobleza. El Rey de España sabe respetar y seguir esta tradición, y así se le ha visto en París huyendo de las imponentes sevei idades de la etiqueta, y hasta, con gran asombro del jefe del protocolo, Mr. Mollard, heredero cielos antiguos chambelanes, conversar afable y sonriente con todo el mundo, estrechar con efusión las manos de señoras y caballeros de todas las clases, lo que no hicieron en sus solemnes visitas ni el 7. ar de í usia, ni el rey de Italia, ni siciuiera el de la Oran Bretaña. Cuenta un diario que, después de besar en ambas mejillas á la Musa de la Alimentación y de ceñir al brazo de la bella muchacha una preciosa pulsera, Su Majestad escuchó un largo discurso del presidente del gremio alimenticio, el conocido rrstmiratcvr Mr. Marguery. Cuando este ilustre fondista terminó su speack, el Rey le e s t r e c h ó efusivamente la TI- ano, y el presidente Loubet felicitó áMarguerj- considerando el caso como deferencia nuisitacia. V r 3 ÍR J tíí í ¿S 3 S: S. M. KL lí- kV líKSANDO A LA MUSA DE LA ALIMENTACIÓN Füts. Chusscau t- laviens