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EN EL HUERTO DE FRAY Ll Mientras hunde su disco el sol poniei tras el bosque de piedra cincelada, crestón de la ciudad que en la corriente del Termes se contempla reflejada, y que levanta la gloriosa frente con legítimo orgullo, dignamente por sus postreros rayos coronada; siguiendo la extendida y ondulada falda de una colina, que formando suavísimo declive la llanura domina y que del sol radiante que declina el moribundo resplandor recibe, llego al paraje plácido y tranquilo donde en humilde casa y fértil huerto halló Fray Luis inalterable asilo, dulce refugio y sosegado puerto. Todo está como entonces. Rumorosa aún la fontana pura, al descender desde la cumbre airosa, su canción melancólica murmura; la parra extiende su dosel sombrío delante de la casa, y no muy lejos, su cauce hinchiendo aun en el seco estío, reluce con metálicos reflejos y tuerce el paso por la vega el río. En este mismo sitio- -como un día resonó del Iliso en la ribera la voz que á un tiempo plácida y severa de los labios de Sócrates fluía- -vibraron con serena melodía las augustas palabras de Marcelo, del Redentor al comentar los Nombres; mientras Sabino, en cuyo pecho ardía el entusiasmo juvenil, sentía ese impaciente y efusivo anhelo que despierta en las aves y en los hombres la hermosura del campo y la del cielo. El que aquí nuevamente la dulzura gusta de ese coloquio soberano, émulo del Syinpoaio en hermosura, los libidos del gentil y del cristiano al comparar, á decidir no llega si es el noble romance castellano más luminoso que la presa griega; y duda, subyugado é indeciso, si es más digna de fama que la vega regada por el Tormes, la que riega con sus sagradas aguas el Iliso. niBUJO DE HEGIDOR í fiíí M r t í í La en ación de pa? y de sosiego que naco del paisaje, y hasta el alma, como un peilume, se transmite luego, do las pasiones que adormece y calma convieite en luz el fuego. Y aquietada la mente, que ligada se siente por íntima y profunda simpatía al lugar en que flota todavía, tan pura como el ampo virginal de la nieve, la poesía de la Vida, del campo, k la par que del cielo y la llanura goza mejor la calma y la hermosura, admira sorprendida el hondo encanto, sospechado apenas, de esa canción mil veces repetida, cuyas estrofas de dulzura llenas, imitan al correr, siempre serenas, con el ritmo apacible de la vida, no á la sangre que brota de la herida, sino á la que circula por las venas. ¡Qué bien concuerda ahora con el alegre ruido de la fuente sonora aquel cantar sabroso no aprendido! Sin duda aquí, cuando inspirado, un día, á la sombra tendido el poeta inmortal le componía, para lograr la plácida armonía que, sin rozar apenas el oído, en el suspenso espíritu penetra, con la fuente el trabajo compartía, y en sus liras ponía ella las notas y fray Luis la letra. MANUEL DE SANDOV. A. L -1 v: k i 7 h