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DONATIVO DE LA INFANTA DONA PAZ A L M U S E O DE R E P R O D U C C I O N E S A R T Í S T I C A S L visitar el pasado año S. A. la infanta ¡tj j doña Paz, acompañada de su augusta hermana la infanta doña Isabel, el Museo de Reproducciones artísticas, prometió hacerle un donativo. Aquella promesa es hoy realidad, y el Museo se ve enriquecido con tres notabilísimos ejemplares de la imaginería gótica. Son vaciados de figuras de talla estofada y policromada. Formas, colores, trozos descoloridos ó empolvados por el viento, reproducen con fidelidad escrupulosa estos ejemplares, que tienen por lo mismo el valor de piezas originales. El grabado que acompaña nos ahorra toda descripción. La figura mayor es una de las esculturas alemanas más importantes de la colección del Museo germánico de Nuremberg: la conocida imagen de María Dolorosa, llamada del maestro de Nuremberg porque se ignora el nombre de su verdadero autor. Nada tienen que ver con ella las figu- berg; tallaron mucho en madera, retablos é imágenes, j trabajaron en bronce, distinguiéndose precisamente como excelentes fundidores los Vischer, de Nuremberg. Esta ciudad fué un gran centro artístico, y los Vischer, de los cuales el citado Peters está reputado como una de las glorias más legítimas del arte alemán, se transmitieron de padres á hijos los secretos de la fundición. De Peters Vischer son, entre otras obras famosas, la banda de bronce de la sepultura de los condes de Henneberg, existente en la iglesia de Rcemhild, y las estatuas del rey Arturo y de Teodora, en la tumba de Maximiliano, monumento colosa! de la catedral de Innsbruck. Las obras de talla, á las cuales pertenece la presente, son, por razón de su técnica, de un estilo más enérgico, y la policromía contribuye á darles el acento de vida que en aquella época ganaba el arte en el terreno de la pintura. Esta virgen debió formar par- ras pequeñas de ángeles músicos, las cuales, además de corresponder á otra época y estilo, proceden de Wesel, población de la provincia del Rhin, en Prusia. La Dolorosa revela en su grave porte, en su proporción larga, en el nervio dramático de su arte, que es obra de artista del Norte. No hay en ella la dulzura característica del arte italiano, pero tiene, en cambio, la distinción del arte de Durero, el realismo sincero de van Eyck, la pasión de van der Weyden. Hemos dicho que es una figura gótica, 3 en rigor pertenece al período en que el arte septentrional, apartándose de la manera gótica, buscaba en el natural una expresión más justa de la vida sin pedir nada al arte antiguo, de cuyo renacimiento en Italia no había llegado aún tan arriba la influencia ravolucionaria. Se considera esa escultura obra de los primeros años del siglo XVI. Alguien la ha atribuido al escultor de Nuremberg Peters Vischer, que murió en 1529. Los escultores alemanes no poseían mármol como los italianos. Ejecutaban en piedra los relieves decorativos de las iglesias, género en que se distinguió mucho el mejor de ellos, Adata Kraft, el cual pasó casi toda su vida en Nurem- te de un grupo. Levanta su faz angustiada para contemplar á su Hijo en la cruz; junta y oprime sus manos con acerbo dolor, que imprime á todo su cuerpo una ondulación patética. Su realismo no está solamente en la expresión, sino en su traje: la túnica, á modo de vestido femenil de la época; el manto corto, como una capa; la toca, que parece cubrir una cofia cual las que vemos en mujeres retratadas por Holbein, le da marcado carácter alemán. Dicha túnica está pintada de color carmesí; el manto es dorado, como de tisú, con forro azul; la toca, blanca. Los ángeles son más antiguos, de plena edad gótica. No son graves ni realistas, sino graciosos, espirituales, de un arte fino, que parece recibir tiernos efluvios de religioso misticismo. Los dos sonríen, y su sonrisa, que es uno de los caracteres de su estilo, revela que éste es el francés del siglo XIV. Estos ángeles, vestidos de túnicas azules y mantos dorados como las cabelleras, tocan, uno un violón, el otro un órgano de mano. El arte alemán y el arte franco- rhenano tienen, pues, excelente representación en el Museo de Reproducciones, gracias á la infanta doña Paz. J O S É RAMÓN MÉI IDA