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i mM ASyECTO D E UNA D E LAS SALAS DH LA EXPOSICIÓN LA EXPOSICIÓN DE ZUREARÁN B fos que os compla céis m e l a n c ó l i c a mente en r e c o r d a r las épocas de la finura y de la fortaleza castellanas, los que gustáis con fruición íntima, contemplando las grandes cosas qvie nuestra raza produjo, en la Exposición délas obras de Zurbarán reunidas en el Museo del Prado, habéis podido s a t i s f a c e r vuestras aficiones. Zurbarán, á lo que puede juzgarse por lo visto en esta Exposición, donde faltan cuadros importantísimos como los de Guadalupe y el Santo Tomás de Sevilla, no es Velázquez, ni R i b e r a ni Murillo, y tiene algo de los tres. En d i f e r e n t e s cuadros se ve el trabajo considerable, el tenacísimo esfuerzo y empeño que le costó crearse una personalidad robusta y clara. Aquí y allá se ven cabezas de Vírgenes y de Cristos de color de polvo y de madera vieja, toscamente, fieramente esculpidos como los de lyuis de Morales, paisano, quizás maestro ó inspirador de Zurbarán. Más ade- ÜN SANTO MÁRTIR CARTUJO. DEL MUSEO DE CÁDIZ lante, un trozo de túnica de amplios pliegues, de color vinoso, ó una larga figura de cabeza chiquita y descarnada, os dicen las vacilaciones de Zurbai án al contemplar por primera vez las perturlaadoras pinturas de Teotocópulos; luego, una testa cruelmente sombreada os habla del influjo que tal vez tuvieron algún tiempo en el ánimo de Zurbarán, esos durísimos sevillanos. Herrera el viejo. Roelas; más allá os sale al encuentro un San Francisco de Paula; que creeríais del Españólete; poco después se os aparece el socarrón coram- vobfs de un fraile mercenario, cuyo entrecejo de torero s e v i l l a n o y cuya boca de pregonador de Triana os parecen vistos y pintados por la mano del Velázquez de los picaros; por último, no lejos de allí, la suave figura mística del beato dominico Enrique Suzón, e f e b o hermosísimo que se clava en el pecho un estilete, sonríe de dolor gozoso ó de a n g u s t i a placentera, la cabeza envuelta en un acaramelado matiz crepuscular, que sin vacilaciones achacaríais á Murillo.