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Alonso de Quijada? Por Dios, que el ama acertó en d e c i r m e que vuestra merced se sale. -Salga ó entre, esté dormido ó despierto, á pie ó á caballo, diré y sostendré que es gran mengua para mi linaje la que tratan de hacelle, y he de curar un poco de esta sangre, que es la mesnia de don Gutierre de Quijada, de cuya i alcurnia yo desciendo por línea recta de varón Y he determinado i ahora, sin que nadie sea osado á Vwtj estorbarme, de salir á esos campos á ilustrar lo mesmo que quieren abatir, con dos mil bravezas, ó cuantas fueren de mi gusto. -Ta, ta; ¿esas tenemos, mi señor i l i Ú V! Ui; ii l. pariente? -dijo el teniente cura, d o n j u á n de Palacios, que en aquel punto llegaba. -A bien que maese Nicolás, que viene pisándome los talones, le dejará limpio y deshollinado el aposento con dos doceCORKAL D E LA CASA DONDE HABITO CERVANTES nas de sanguijuelas que trae aparejadas para este achaque. ¿A mí con palabras? ¿A mí con sanguijuelas? ¿A mí con consejos y reprensiones? -Ah, señor licenciado! ¡Ah, señor pariente, que de vuesa merced viene una parte de esta mengua! Vuesa merced ampara, vuesa merced apadrina, vuesa merced acelera esta sinrazón que pone despunta en blanco á toda la. hidalguía de Esquivias, célebre por sus vinos y por sus linajes Mas no dirán de mí que imité á Beltenebrós en sus lloros y lamentaciones, sino á don Belianis en su valentía, á Felixmarte de Hircania en su temeridad, á d o n Cirongilio de Tracia en su arrojo, á Reinaldos en su atrevimiento. -Vaya, señor pariente, arriba á descansar, que no estamos para muchacherías. Vos, ama, recoged este lanzón que en todas partes tropieza; ayude el bachiller á desnudalle de estas corazas que aprietan y congojan al cuitado; acuda, maese Kicolás, con su arte cisoria, que aunque es recio el achaque, será bonísimo el remedio, y entre todos llevemos á su lecho á este malaventurado caballero. Entre el ama, el bachiller y el barbero, subieron al buen don Alonso de Quijada y Salazar á su aposento, no sin que se resi. stiese manoteando y clamando. Estaba el buen hidalgo muy embebido en sus caballerías, y aunque vigilado, temían sus deudos que un día anocheciese y no amaneciese, j éndose á papar viento y hacer locuras, conforme tenía determinado. El cura, que iba zaguero, paróse al ver una sombra que avanzaba por el portal. ¿Ha vuesa merced visto y oído, señor Miguel de Cervantes? -Todo, mi señor don Juan, y tal es el lance, que, aunque quisiera, no podría olvidarlo. La hora, la ocasión, la extraiieza de esa figura, sus voces y ademanes, sus armas tan desbaratadas y fuera de servicio, su arrogancia fuera de sazón, todo, digo, quizá algún día sirva de cuajo á no sé qué revoltijo de ideas que brincan y saltan aquí dentro. ¿También vuesa merced? No parece sino que del mesmo suelo salen estas altanerías. Vuesa merced no es hidalgo esquiviano, y ya le saltan y brincan flatulencias y vanidades. En esto bajaron el ama, el bachiller y el barbero, dejando apaciguado á don Alonso. -Ahora, señora ama- -dijo el cura, -despabile las piqueras del velón y avise cuando mi pariente duerma; y vuestras mercedes, señores míos, me acompañen, que habernos de hacer un donoso y grande escrutinio en la librería de este grande pecador, que mucho me engaño si no damos en ese nidal con la pollada de cuantos disparates hace y dice. -Que me place, -dijo Miguel de Cervantes. -Vuesa merced- -dijo el bachiller al ama- -traiga leña, mucha y seca, que vamos á tostar herejías. ¿Herejías dice, señor bachiller de mi ánima? Pues voy volando a t r a e r primero hisopo y caldereta. -Y maese limpie y pula sus antiparras, que vamos á hacer tretas en más de lÁt- a. cuerpos sXa. noche. Dada la señal de que el paciente dormía, subieron todos al aposento y con gran parsimonia; entraron á saco en la extraña y caballeresca librería de don Alonso de Quijada el bueno. La historia puntual y verídica de ese escrutinio quedó asentada por los siglos de los siglos, merced á- la diligencia de un cronista nunca bastantemente ala. bado. como él se merece. Y es fama que en aquella noche meniorable y divina vino al mundo el señor Don zí 2; bfe, espejo de caballeros, flor del ingenio, honor de España y admiración perpetua de los hombres. mmti m. c l J O S É NOGALES FOTOGRAFÍAS DE ASENJO F U E N T E D E LOS OilBlDALES Y TIERRAS DE DOÑA CATALINA