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OÍ: OR. G- E: X E: os que admiraron hace algunos meses en l iíS. I Madrid á Georgette Leblanc, no pudieron conocer sino una faz, y no la más brillante, de su genio. Representando las obras de Maeterlinck, su ilustre marido, esta mujer armoniosa tiene que renunciar á muchas de sus cualidades. Es como un poeta condenado á escribir en prosa. Como ella misma parece haberlo c o m p r e n d i d o al fin, es un acto de t i r a n í a contra su propia naturaleza de capricho, de pasión y de lirismoDesde Munich, este año mismo, escrib í a á mi a m i g o Maurevert: Acabo d e oir Tris tan et LKSX JLETC más ilustres compositores- -está á la medida de vuestra rubia y garrida figura. -Sí- -contestó la actriz -pero no está á la temperatura de mi alma; yo tengo frío dentro de las corazas legendarias. En cambio, á los que, más modestos, le han llevado poemas de Bandelaire, de Maeterlinck, de Regnier, de Verlaine, los acoge con fraternal entusiasmo. Verlaine, sobre todo, la apasiona, y en sus labios Verlaine apasiona, sobre todos los poet a s al p ú b l i c o ¡Cuánta inteligencia en el modo de interpretar las fiestas galantes, l a s ro- inanzas sin palabras, l a s littenas ca? icioncs! Iseult. Es imposible experimentar u n a sensación de a r t e más intensa que la mía. Estoy c o m o desarticulada, como m a l t r e c h a c o m o agonizante. No puedo dormir, á causa de los nervios. Acabo de salir del infinito. ¡Cuánto me gustar í a representar el papel de Iseult! Es un goce inmenso, al mismo tiempo que un sufrimiento infinito; y gozando y sufriendo, l l o r o P a r a consolarse, sin duda, de no poder cantar toda una partitura de Wagner, se ha consagrado desde el principio de la Primavera á dar á conoGEORGETTE cer fragmentos musicales que tienen el triple mérito de ser bellos, de acompañar bellos poemas y de prestarse á bellas actitudes. Estatua que canta la ha llamado alguien. Pero, en realidad, es algo más: es la pasión que canta, es la pasión que se mueve, es la pasión que vive. Todo en su arte es pasional. Sufro, dice, del mal incurable de Isolda. Y luego agrega: Sólo ese poema puede expresar la intensidad sin límites de mi alma real. I o que no es pasión, la deja indiferente. Los compositores más ilustres, desde que conocieron su deseo de consagrarse al canto durante todo este año, la han llevado mil músicas hechas para ella, para su voz, para su belleza. -Esta canción de Walkiria- -decíala uno de los ¡Cuánta inteligencia y cuánto anror! Eo mismo que el p o e t a su cantora podría decir: Tengo la l o c u r a d e amar. Eo bello, lo noble, lo tierno la con mueve hasta un punto que los doctores llaman excesivo. Desde nuestras butacas, todos la hemos visto llorar. Hemos visto, emocionados yrespetuosos, cuál se crispan sus labios al pronunciar ciertos versos, y cuál su voz desfallece, como herida, cuando los sonidos en que van las imágenes dolorosas salen de su g a r g a n t a Eo LEBLANC más ligero, lo más sencillo, lo que para las tiples del Constrvatorio casi no tiene significación ninguna, es para ella algo que vive y que palpita. Cada p a h b r a dice, tiene un alma; hay palabras que sufren y hay palabras que ríen. Ella prefiere las que suiren. En las baladas de su ilustre marido, las en nientra á profusión y las envuelve en las caricias de su voz. Las encuentra en Verlaine sin dificultad. Y en los demás poetas las busca con un empeño exquisito, como una hermana de la caridad del arte, 3 las ama. Esta emotividad enfermiza que Goncourt habría admirado, es sin duda la causa del éxito, ya no sólo mundano, sino universal de las matines que Georgette Leblanc consagra á los poetas. E. GÓMEZ CARRILLO