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D I A L O G O F I L O S Ó F I C O EM EL I X T E R I O R I E LA C E S T A DE UNA C O C I N E R A Elespárra o de jardín. ¿Cómo? ¿Estás ahí, miserable destripaterrones? El espárrago triguero. -Aquí me tienes, aguanoso y dulzarrón aristócrata. El de jardín. ¿Vendrás, sin duda, á mezclarte en odiosa promiscuidad con las cebolletas, los ajos y las acederas en alguna indigestísima salsa? El triguero. -Venga á lo que venga, créeme, querido y espetado colega, que nuestro fin será el mismo. El de jardín. ¡Mucha filosofía me parece esa para un campesino como tú! El triguero. -Pues ¿dónde crees, ¡oh majadero! que se cría y se desarrolla la filosofía verdadera y provechosa, sino donde yo vivo, en el campo y en la soledad? El trígiiero con profunda indíjerencia. ¡V ed a q u í el poder de la ilusión! Aunque no quieras, ¡oh mi El de jardín. ¡B a h b a h b a h! dulce enemigo! eres de mi propia familia, y entre El triguero. ¡Sí, desprecia, desprecia! Los espá- tú y yo hay la misma diferencia que separa al rragos campíos somos los filósofos más grandes hombre libre y bravio que por sí mismo acierta á que en el terruño pueden verse. Nacemos, como vivir solo en medio de la Naturaleza, y el desdilos hombres, sin saber cómo ni por qué; solos nos chado hombre de sociedad que no sabe existir criamos, solos vivimos, y uno por uno tiene que sino metiéndose n docena con otros semejantes arrancarnos quien nos rebusca; y con todo eso, suyos y regalándoles un poco ó un mucho de su tan inocentes y hombres de bien somos, que hasta nos libertad. Más claro: que yo soj individualista y dejamos persuadir por la vanidad, y oyendo sus tú socialista, como suele decirse. voces fantasiosas, echamos fuera del suelo un herEl de jardín, muy ofendido. ¡Quita, quita allá! ¡Somoso airón verde que declara nuestra presencia. cialista yo! ¡Puah... Por pagar este tributo á la presunción, perecemos, El triguero. -Socialista tú y todos los de tus pues si nos estuviéramos ocultos bajo tierra, nadie ideas; seres que viven hacia fuera, pereciéndose nos rebuscaría ó fuera más difícil encontrarnos... porque los admiren, muriéndose de envidia de ser El de jardín. -Verdaderamente que es una imbe- envidiados. Por eso eres dulce, pero empalagoso cilidad ese afán de exhibición, porque, después ó, mejor, insípido. Ya sabes el refrán: de todo ¿en qué fundáis vuestras pretensiones? Quien nísperos come y espárragos chupa, Sois una planta fea, de color verdinegro como los y bebe cerveza, y... etcétera, etcétera... sapos, de sabor amargo y desabrido. No servís Y ese refrán se refiere á ti, desdichado, no á mí, más que para rebozados en tortilla ó para sazonar que con mi amargor sirvo para excitar el apetito, alguna menestra, el plato favorito de las patronas y soy comida propia de gentes sanas, viriles. Ni baratas de los empleados de ocho mil reales. P n tengo que envidiarte las buenas compañías. ¡Si cambio nosotros, ¡míranos y muérete de envidia! vieras tú qué matas de lentisco, de mejorana y de tenemos el cuerpo blanco y jugoso, el cuello mo- romero tengo yo por vecinas en mi terruño, no rado con preciosas irisaciones, como el de la pa- envidiarías los olores de tus damiselas, apestanloma torcaz, y la cabecita verde obscura, verde tes á peau d Espagne, ni el perfume japonés de tus amoratada, verde grisácea, de un color supremo, caballeretes engomados. elegantísimo. ¡Mira tú que una rubia vestida con El de jardín. -No puedo ni quiero discutir contiun traje de color de punta de espárrago, estaría... go. Eres un ordinariote. y luego, manos finas han de acariciarnos, lavarEl trigtiero. -Por el contrario, yo pienso que el nos, atarnos con cintas de seda, presentarnos en cursi y el basto eres tú, como es cursi y basto un escaparate, como preseas valiosísimas. Y, por siempre quien necesita exhibir su elegancia ó su fin, tras un ligero baño ruso hemos de morir be- finirra y quien busca en el artificio lo que no supo sados por los labios más dignos de envidia, acari- hallar en la Naturale... ciados por las lenguas más elocuentes, mordidos Los dos espárragos á un tiempo. ¡Aaaay! C ¿a cocinera por las dentaduras más perlinas... Porque nosotros coge al noli le y al plebeyo y los coloca sobre el fogÓ 7 t, creanmarchamos á la muerte en carrozas de plata y do la igualdad entre ellos, ó como dicen los inetafisicos, recristal, y bellas pinzas de oro repujado nos acer- solviendo la antinom. ia. can al sacrificio, y bocas de donde sólo discretas ENE y amorosas palabras salen, son nuestro sepulcro... DIBUJO DE a E G I D O H