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E 1 Rticio hizo también de las suyas; y no fué esto sólo: durante una de las representaciones él quiso tomar parte en el diálogo, y rebuznó; en cuanto al pobre Rocina? ite, que trabajó en las. primeras representaciones, tuvo, como la comedia, un fin desgraciado, pero más trágico. Iva comedia murió á ausencias del público, para no aparecer más. I, Rocinante murió á ciiernos de un toro portugués, para aparecer después acaso en el cocido del autor de la comedia, convertido en chorizo. La falta de espacio me impone la necesidad de limitarme á referir ligerísiniamente dos anécdotas, una antigua y otra moderna, francesa la una é inglesa la otra, relativas al Riicio y á Rocinante respectivamente. En i55o, la compañía del célebre Moliere representaba una obra titulada Don Quichotte ou les enchantements de Merlin, refundición de la comedia de Guérin de Bouscal, D. Quixote de la Manche (2. a parte) estrenada en 1639. A lo que se dice, la obra había sido refundida por la actriz Magdalena Béjart, hermana mayor de Amanda, la esposa de Moliere, (I) Este representaba á Sancho; el famoso Barón hacía de Bo? t Quijote. Grimarest, en la Vida del ilustre autor y comediante, anotada por Aimé Martín, refiere que hallándose entre bastidores Moliere, montado en el asno, esperando el momento oportuno de su salida, se obstinó el animalito en presentarse antes de tiempo. Moliere hacía terribles esfuerzos para contenei lo, llamando en su auxilio á Barón y á Ea Forest, su sirviente, que no podían tener la risa viendo sus apuros. Al fin venció la terquedad del asno; el actor, fuertemente asido á un bastidor, soltó el cabestro, abrió las piernas y dejó que el asno se saliera con la suya, presentándose solo en escena, con gran admiración de los espectadores. Cuando se piensa en la índole del ingenio de Moliere, dice su biógrafo, en ia gravedad de su conducta y de su conversación, es risible que este filósofo se expusiera á semejantes aventuras tomase para sí los personajes más cómicos. En 189.5, l comedia Don Quichotte, de Sardón, estrenada en 1864 y convertida por su autor en ópera cómica veinte años después, pasó el Canal de la Mancha, y arreglada con notables variantes, fué representada en el Lyceum de Londres por el famoso actor Irving, Una de las mayores preocupaciones de éste para poner la obra en escena con toda propiedad fué encontrar caballo que correspondiera dignamente al tipo conocido de Rocinante. Ninguno de cuantos le presentaban era de su agrado, hasta que un día tropezó en la calle con un escuálido rocín que tiraba de un carro. Eleno d e alegría, trató c o n e l carretero, pagó lo que éste quiso y se llevó el caballo, que el propio Don Quijote hubiera tomado por el suyo. Llegaron los ensayos generales de la obra é Irving hizo llevar á Rocinante, gozando de antemano con el efecto que seguramente había- de producir; pero al verlo aparecer, su sorpi- esa, su decepción y su cólera no tuvieron límites. Los encargados de cuidarlo se habían esmerado y Rocinante, descansado, limpio, servido con solicitud y alimentado con abundancia... había engordado y se había convertido en ún caballo grueso, burgués y ordinario Hubo necesidad de retrasar el estreno y de condenar por unos días á dieta rigurosa al pobre animal, para que volviera á ser digno de i- epresentar á aquél, como dice Cervantes, tan largo y tendido, tan estenuado y flaco, con tanto espinazo, tan ético confirmado, que mostraba bien al descubierto, con cuánta advertencia y propiedad se le había puesto el nombre de Rocinante. MBUJOS DE REGIDOR F E W P E PÉREZ Y GONZÁLEZ (1) La compañía de Moliere representaba con frecuencia la trilogía quijotefca de Guérin de Bouscal, D. Quixote de la. Manche (1. y 2. parte) y Le gouoeniement de Sancho, con el título de Sancho Pan a.