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Aventuras y desYenturas teatrales de Rocinante y del Rucio UANDO se estrenó por pri 7 nera vez el 24 de Diciembre de 1832, en el ya desaparecido teatro de la Cruz, el drama nuevo original, en tres actos, titulado Don Quijote de la Mancha en Sierra- Morena, de D. Ventura de la Vega, que se reestreno el 23 de Abril de 1861 en el teatro del Príncipe, que ahora conocemos con el nombre de teatro Español, dos escritores ilustres hicieron el juicio crítico de aquella obra, favorablemente acogida por el público. D. Mariano José de Larra (que ha hecho famoso el seudónimo de Figaro) en la Revista Espar. ola, -don Manuel Bretón de los Ilerreros (que ya gozaba de gran renombre, por haber estrenado el año anterior su Marcela) en El Correo, periódico literario y mercantil En el artícvilo de este insigne poeta cómico, metido entonces á crítico, se lee lo siguiente: El escuálido Rocinante y el paciente Riicio no podían ser excluidos del drama sin cometer una especie de delito. Ni son indignos de figurar entre el ventero y Maritornes, ni nos parecen de peor condición que los cuadrilleros de la Santa Hermandad. Ha contado, pues, con ellos el poeta; y para un Zoilo escrupuloso que al ver cuadrúpedos sobre la escena haya arqueado las cejas, mil habrá que no hubieran perdonado su ausencia, y á quienes hubieran parecido desautorizados un I) o7 t Quijote y un Sancho de infantería. Razón tenía Bretón de los Herreros y razón hubieran tenido los que no perdonaran, sobre todo, la ausencia de Rocinante, razones, una y otra, fácilmente justificables recordando estas palabras que el mismo Cervantes puso en boca de Don Qmjote en el capítulo segundo de la primera parte de su libro inmortal: ¡Oh, tú, sabio encantador, quienquiera que seas, á quien ha de tocar el ser coronista desta peregrina historia! Ruégote que no te olvides de milmen Rocinante, compañero eterno mió en todos mis caminos y carreras, Pero los inexpertos cuadrúpedos encargados de representar á Rocinante y al Rucio en ocasión tan solemne, no debieron estar á la altura de las circunstancias, dando motivo á que Figaro dijera en su revista lo que sigue: Es lástima que el monótono paloteo del segundo acto no se acorte, y es lástima que Rocinante y el Ritcio hayan estado tan inquietos, y aconsejamos al autor que suprima lo más posible estas turbulentas bestias; el Rucio no era necesario, pues, si no nos engaña la memoria, Sancho lo había perdido ya cuando el hallazgo de la maleta. ¿Habrá querido el Sr. Vega imitar á Cervantes hasta en su descuido? Poseo ejemplares de la obra de D. Ventura de la Vega, tal como se estrenó en 1832 y como se reestreno en 1861, y cotejándolos he notado que, sin prescindir de Rocinante y del Rucio, conforme al parecer de Bretón, acortó en lo posible sus papeles según el consejo de Figaro, hasta el punto de hacer trepar á Don Quijote por la pared para llegar al agujero del pajar donde Maritornes lo ata por la muñeca, en vez de tenerlo de pie sobre Rocinante como en las primeras representaciones, siguiendo puntualmente la novela. No bastaron, sin embargo, á D. Ventura tan prudentes precauciones para evitar que el iJot- zkízwfe de 1861, indigno del papel que representaba, desluciera nada menos que la primera representación, con una licencia que, recordando la famosa aventura de los batanes, pudiérase llamar sanchesca D. Manuel Fernández y Qo- a- íHiiT. que, con más saña que justicia, maltrató entonces á D. Ventura de la V e g a en un folleto intitulado A los profanadores del Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha; Critica y algo más, por el Diablo con antiparras, ni aun aquel incidente perdonó, acabando su sátira de este modo: Y, tú, gran Miguel, ¡adiós! partido, insensato, en dos; Rocinante te ha vengado... No te importe que Ventura y duerme, duerme sin pena, estercolando la escena. haya tu hermosa criatura porque del caso, indignado, Al final del opúsculo una nota aclaratoria remacha el clavo en estos términos: Inconvenientes de repartir papeles á los animales que no saben reprimir sus necesidades.