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G R A N D E S D A M A S ESPAÑOLAS LA M A R Q U E S A D E S Q U Í L A C H E -o se h a extinguido, por fortuna, en nuesMyíg tro país la raza de las ricashembras antiguas, tan generosas de corazón como ilustres por. su clara inteligencia; y tan cierto, es que no se ¿a extinguido, que sólo una casa de Madrid, el hermoso y severo palacio de la plaza de las Cortes, esquina al Salón del Prado, alberga á dos de estas preclaras señoras que saben poner el caudal heredado de sus mayores, al servicio del Arte y de la Ciencia ó emplearle con acierto y discreción. en obras de beneficencia y de caridad. Nos referimos á la duquesa de Villahermosa, de quien hablaremos en p r ó x i m o día, y á la marquesa de Squilache, cuyo retrato honra esta página. Iva e x c e l e n t í s i m a señora doña María del Pilar León de Gregorio Navarrete y Ayans d e Ureta, marquesa de Squilache, es u n a de esas damas inteligentes, simpáticas y buenas, que saben hacerse cargo maravillosamente de los deberes q u e s u altísima posición social y moral les impone y cumplirlos con creces en todos l o s momentos de la vida. Sin olvidar que el lujo y la ostentación son obligación forzosa de quien sabe cómo l a s artes suntuarias y decorativas, á más de embellecer y ennoblecer la existencia, constituyen medios de que las artes progresen, de que los artistas se estimulen y de que vivan y se sostengan numerosas falanges de obreros; no es la marquesa de Squilache una de esas damas que creen pagar por completo su deuda á la Humanidad abonando sus cuentas á los proveedores y artífices á quienes encargan trabajos. Por el contrario, la narquesa de Squilache se asoma á menudo á la vent a n a por donde se contemplan las grandes desventuras de nuestros prójimos, y sabe, como buena cristiana, fortalecer su delicadeza con el espectáculo de la desdicha y avalorar sus blasones y títulos con la práctica de la caridad grande y de la caridad menuda y cotidiana. Pero aun el cumplimiento de esta misión elevada que á los grandes compete. y que tanto puede contribuir á la pacificación de los ánimos exaltados y al apaciguamiento de los antagonismos sociales, aún no deja satisfecha del todo á la noble marquesa de Squilache. Comprende esta señora que nosólo. de. pan vive el hombre y labor suya, de su liberalidad, y de su incansable iniciativa son las escuelas del distrito del Congreso, primera obra de este género que en Madrid se ha realizado, merced á los esfuerzos particulares y ejemplo digno de ser seguido é imitado en dondequiera que las personas de posición lleguen á convencerse de que la instrucción de hoy es la paz y la prosperidad de mañana y también de que demuestra un soberano egoísmo y una criminal desaprensión el dejar estos asuntos á la a c c i ó n exclusiva del Estado. Mujer de su tiempo, la marquesa de Squilache ha demostrado p r á c t i c a mente y con gran brío que el problema de la instrucción p o p u l a r debe y puede resolverse con la ayuda de los poderosos cuando éstos tienen b u e n a voluntad. Conocidísima es la protección que la marq u é s a de Squilache presta á los artistas y singularmente á los jóvenes; populares sus continuos a c t o s d e desprendimiento, como el rasgo caritativo q u e tuvo hace poco al ocurrir la catástrofe del Depósito de aguas. Nadie mejor que esta ilustre dama puede afirmar que gasta bien su tiempo y su dinero, es decir, que practica acertadamente las dos artes más difíciles del vivir. Nada tan grato, por consiguiente, para BLANCO Y NEGRO como este modestísimo homenaje á la gran señora, cuya actividad benéfica puede y debe servir de estímulo á quienes, encontrándose en circunstancias semejantes á las suyas, ignoran esas dos artes á que nos hemos referido. No ha de ser la aristocracia la única clase de la sociedad, ni siquiera la principal, que saque á nuestro país de las tristezas y de los abatimientos en que ñorhallamos, pero sí puede hacer mucho para ello si logra disciplinarse á sí misma y aunar sus esfuerzos, para que sea obra general lo que hoy son esfuerzos aislados. W H I T E BIvACK