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Fresas y violetas TA fresa- -dice tin amig- o mío- -es la violeta de las frutas. Hay entre estos dos productos de la naturaleza una gran relación. Ambos se crían como escondidos; si la violeta, en su modestia, sólo revela su presencia por el perfume, la fresa se denuncia por su exquisita fragancia; si aquélla se viste con suavísimos colores, ésta, con su vivo encarnado, parece avergonzarse de las miradas de los liombres; si la una no es ostentosa, la otra también carece de esplendidez, y sin embargo, ambas son de un mérito indisputable. Yo, que no tengo por costumbre contradecir á las personas afectas á una creencia profunda, me opongo tanto menos á la opinión de mi amigo, cuanto que participo de ella. En efecto, la fresa tiene todas las virtudes de la violeta y algunas más. Hace años que tanto en el Extranjero como en España se ha puesto en boga el consumo de las violetas acarameladas, pero sin preparación alguna preliminar. Ea violeta se coge en su mayor frescura, y sin dar tiempo á que sus hojas se pongan mustias, cúbrese con un baño de almíbar, que á poco se endurece y deja encerrada á la pobre flor en aquel ajustado estuche, donde no puede perder ninguna de sus propiedades, á la manera de un cuerpo embalsamado á quien diversas substancias aromáticas impiden corromperse. Al través del dulce cristal vésela como una mariposa en su capullo, hasta que un diente afilado por la refinada sensualidad de nuestro siglo se clava, en ella, la deshace, y entonces inunda la boca con delicado perfume, perdiéndose finalmente, combinada con el azúcar líquido, en el obscuro abismo de un estómago, cuya debilidad entona y fortalece. Todo esto es muy bueno, y á más de un goloso se le hará la boca agua leyendo estas líneas; pero ¿qué comparación tiene la violeta almibarada con los diversos preparados de la fresa? Salpicada de azúcar y rociada con leche, con vino ó con naranja, la fresa es siempre sabrosa y de un perfume, atractivo y embriagador. Tiene sobre las almibaradas violetas Ja ventaja de que no empalaga nunca, sirviéndole como de incentivo aliño aquel ácido tan aperitivo como suave, sal y pimienta de ese manjar de los dioses. En los portales de Santa Cruz, contiguos á la calle de la Fresa, hasta la plaza Mayor, es donde desde antiguo se establece el principal mercado de esta fruta; allí la despachan las mujeres, envolviéndola en cucuruchos de papel, mientras los freseros ambulantes, con escusas en los brazos y el inseparable peso al hombro, se distribuyen por las calles de la villa pregonando: ¡Fresa rica de Aranjuez! Ea fresa pertenece al género de rosáceas, y su nom. bre científico en botánica es fragasia. Comprende varias especies: unas indígenas y otras exóticas. Todas ellas han dado origen á numerosas variedades, y simplemente por el cultivo, j- a por el cruzamiento. De este género, las especies principales son: la fragasia vesca, vulgarmente llamada fresa de los bosqties, que por el cultivo da lugar á las siguientes variedades: la fresa temprana pequeña de Fontenay, la de Montreuil y la de Meaux, tan apreciadas en Francia; la blanca y la amarilla de los Alpes, y la fresa bella bordolesa. En Virginia y en el Canadá crece abundantemente la llamada fresa virginiana, j es, sin duda alguna, la primera especie que fué introducida en Europa. Esta fresa, redondeada ó algo oval, es de carne muj jugosa, ligeramente acídula y perfumada. La fresa tiene también sus enemigos. Entre ellos, el más temible es la larva ái saltón, insecto que hace más daño á la fresa que ningún otro. Por eso, luego que se mustian las hojas de las plantas, el agricultor se apresura á desembarazar los pies de éstas y á destruir la larva. Eos terrenos arenosos son los que más se prestan á que las fresas sufran la voracidad de estos insectos. La violeta, por su parte, también presenta multitud de variedades, entre las que son notables la alhiflora, que tiene las flores blancas; 2. parmensis, llamada violeta de Parma, de olor muy delicado, y la serfiefiflorens Ó violeta de las cuatro estaciones, por florecer durante casi todo el año. Para terminar. El fresón es una fruta de origen americano, de mayor tamaño que la fresa y de gusto más agrio y menos delicado. Entre sus varias especies, la más común es la procedente de Chile, traída á Europa en 1714 por Frezcer, ingeniero y navegante francés. El fresón anana, tan cultivado y extendido en Inglaterra y Holanda, es producto del cruzamiento del fresón chileno con otra especie botánica. Es redondo, de color ligeramente amarillo ó asalmonado, 3 la carne es muy blanca y frecuentemente hendida en el centro. EDUARDO DE E U S T O N O DIBUJO DE ALBERTI