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ú otra cantinela por el estilo. Pero más complaciente que el gañán de Don Quijote, el de ahora nos dice sin vacilar cuáles son los palacios de la sin par princesa doña Dulcinea del Toboso, y llegándonos á los dichos palacios, cosa que no se atrevieron á hacer ni Don Quijote ni Sancho Panza, ya se sabían ellos por qué, antes pasaremos por unas muy solemnes y aseñoradas calles, y antes tropezaremos con la mole grandiosa y herreriana de la iglesia del Toboso, y diciendo: -Con la iglesia hemos dado, Sancho, -nos retiraremos prudentes á dormir. Al reirse el alba acudiremos al palacio susodicho, y ¡ved cuál es nuestra suerte! en el corral toparemos con la que buscamos, con la alta y sobajada señora de nuestros pensamientos. Aldonza Lorenzo en persona saldrá á recibirnos y nos regalará con su más halagüeña sonrisa. Es una moza robusta, fresca, umbría los acopados chopos, y nos dirá que aquél fué el sitio donde se festejaban las bodas de Camacho el rico y donde aconteció el suceso de Basilio el pobre; y es el lugar donde evocare: nos la más lujuriante y sensual visión, mirando con los ojos de Sancho, y la más romántica, mirando con los de Don Quijote. Desde allí, andando un poco más, nos acercaremos á la cueva de Montesinos, donde el extremado Don Quijote vio cosas cuya imposibilidad y grandeza hacen que se tenga esta aventura por apócrifa. Al entrar en la cueva de Montesinos, con teas para alumbrarnos, una turbonada negra y aleteante nos apaga las luces y nos llena de confusión y de espanto. Son bandadas de cientos, millares, millones de murciélagos que, enracimados y f o r m a n d o costrones p a r d u s c o s habitan en el techo y paredes de la c u e v a Encendemos un farol, avanzamos con precaux ta de pechos y n d e m á n brioso... ciones veinte, t r e i n t a Es una bella, fuerte, setenta metros. En el simpática y h o n r a d a fondo, el agua honda moza, que s i n aliños, cauta una canción exafeites ni composturas, traña, lúgubre, de las se afaena en ahechar profundidades de la tietrigo, no sabemos si trerra. H a y allí una laguchel ó rubión, en el cona soterraña, que debe rral de su casa. Nos sade tener comunicación, ludará con muy buena no sabemos cómo ni por gracia, nos respóndela dónde, con las de Ruicon muy corteses razodera. Estamos bajo tienes, y á la tardecita la rra; estamos otra vez veremos salir con otras en la región de lo misdos compañeras, jinetes terioso, de lo inconocien sendas h a c a n e a s ble. Salimos de ella á la que á nosotros no nos luz, rendidos, anonadaparecerán sino lo que dos. R e v o l v e m o s l o s son, borricas mohínas ó ojos en todas direcciorucia. s, y así, tal y cones buscando al ingemo ellas se nos muesnioso caballero. Ya no tren, l a s reputaremos está, ya no podemos ser e i n a s y duquesas y guirle; ha salido de su princesas de la hermotierra. ¿Volverá? ¡Ah, sura tobosina, y una y sí! volverá ¡qué lástimil veces nos prendarema! para tornarse cuermos de ellas y nos dado, y ya cuerdo, morir. r e m o s p o r m u y sus ¡Adiós, noble, ancha j enamorados; p o r q u e grave tierra del ingenosotros ¡pobres de no. sUNA VEKT. JUNTO A R U I D E R A nioso hidalgo! ¡Adiós, otros! ya hemos comprendido el alto, el profundísimo secreto que en Argamasilla, Montiel, Puerto Lapice, Sierra Moel encanto de Dulcinea solapó el historiador Cide rena, el Toboso, Ruidera! ¡Adiós, vosotros los que conserváis el habla, el ademán, la fiera estampa Hamete. El cual muy luego nos llevará por la mano á un de Don Quijote, lo mejor de la raza! ¡Adiós, llaprado amenísimo, donde la olorosa ga 3 omba y nura inmortal, madre de las grandes ideas! La el verdeante romero florecen, y prometen grata peregrinación ha terminado. FotOfírafías Asenjo F. NAVARRO Y LEDESMA Para conseguir los datos y las fotografías que publicamos en este número, han realizado en los primeros días de Abril un viaje á la tierra de Don Quijote nuestros queridos compañeros el redactor de BL. INCO Y NEGRO y de A B C, D. Rómulo Muro y el redactor- fotógrafo D. Manuel Asenjo, quienes fueron de Madrid directamente á Sierra Morena; de Despeñaperros á Venta de Cárdenas; atravesaron el campo de Montiel por Villanueva de los Infantes, Villahermosa, los Zampoñones, la Osa de Montiel, Ruidera, Argamasilla, Castillo de Peñarroya, Alhambra, Puerto Lapice, Alcázar, Campo de Griptana y el Toboso. Nuestros compañeros han sido recibidos en todos estos pueblos y despoblados con exquisita cortesanía, y han sido acompañados y agasajados con lamas perfecta hospitalidad por los nobles descendientes del hidalgo manchego. A todos están muy agradecidos, pero especialmente desean significar aquí su gratitud á D. Luis Posadas, abogado de Villanueva de los Infantes; á D. Juan Ángel Palacios, D. Constantino Martínez, D. Juan Bnstam. ante y D. Joaquín Castro, de Villahermosa; al antiguo periodista D. Rafael Garrido, do Montiel; á los Sres. Pascual, Naranjo, Greus, Fuertes, Gómez y Coronado, de Argamasilla de Alba; á los Sres. Rosado, Rodríguez y Alaroón, de Puerto Lapice; á los Sres. Sánchez Quintanar, Rus y Ortiz (D. Valentín, D. José Vicente y D. Ignacio) del Campo de Griptana, y á los Sres. Olmo, del Toboso. Todos ellos son personas cultísimas y de una inapreciable amabilidad, y tenemos gran complacencia en consignarlo.