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armas el esforzado caballero. La luna sonríe benévola al fantasma q u e n u e s t r a imaginación hace pasear á grandes trancos, lleno de ardientes desvarios el corazón devoto... Una grande, intensa emoción nos avasalla. Aquel prosaico lugar, aquellas mudas paredes nos hablan en arcano lenguaje de que aún perdirran en el mundo los agravios, los tuertos y las injusticias sin que salga el caballero pronto á satisfacerlos, á debelarlos, á darlos fin, puesto su pensamiento en Dios y en su dama. La luna nos dirige su más grata sonrisa, aquella con que ha acariciado á los soñadores todos de la Historia y de la leyenda. La del alba sería cuando salimos de la venta, para s e g u i r nuestra peregrinación. La carretera nos conduce al pueblecillo de PuerUi MOLINERO MANCIIliGO to Lapice. Nos desviamos de ella, y unas encinas, restos de un antiguo monte, nos muestran el lugar de fa primera hazaña del caballero. Allí fué donde Juan Haldudo, el labrador rico del Quintanar, apaleó al pastorcillo Andrés; allí donde Don Quijote mostró por vez primera el valor de su brazo, la justicia y nobleza de su corazón generoso; allí donde la realidad inexorable le había de dar una lección aterradora, á puros estacazos, y donde había de verse solo, roto, magullado é imbele, hasta que su vecino el buen Pedro Alonso le volviera á su lugar, cargado con el peso de la desilusión primera. Salimos nuevamente al campo argamasillesco. ¿Dónde hemos de ir sino en busca de los molinos? ¿Quién ha pasado por la llanura manchega que el ferrocarril recorre sin sentir la emoción más fuerte, la que al conmovernos nos lo explica todo? ¿Quién, al ver descollar en el llano los contornos de los molinos, al verlos mover los brazos locos, no se ha explicado el que la febril fantasía de Don Quijote viese en ellos los gigantea soberbios que tienen sojuzgado el mundo, y quién no ha aplaudido, lleno de he- H UN CABRERO DE LOS AMIGOS DE GRISOSTOMO íP