Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
1 ¿f leve. Sanchica está esperando casarse con su Tocho, pero sin prisa, sin pasión. Sanchica es honesta, simple como la flor de los campos. No busquéis en el alma de las dos mujeres la poesía que tal vez se alberga en la de las otras que saben leer y escribir; pero, sin buscarla, hallaréis en ellas, en sus vidas obscuras, la mejor poesía del mundo, la de la continuidad en la faena diaria, la del honesto vivir nunca interrumpido por liviandades, como formado en el patrón de la llanura manchega; una vida sin cerros, sin lomas, sin boscaje, sin hoyos ni simas, una vida de aguas estancadas como las lagunas de aquella tierra, y al contemplarla, recordáis los viejos poemas agrícolas de Hélade y se os vienen á la memoria las descripciones del rudo vivir beocio en las enérgicas estrofas de Los trahajos y los días. Pero ya es hora de salir. No olvidemos que Don Quijote es hombre de camino y que su primera hazaña, la madre de todas las demá: es el arranque heroico que le hace salir de su casa, abandonar sus modestos regalos, criar una ilusión con sangre de sus venas cincuentonas y echarse al mundo á reparar injusticias, enderezar tuertos -satisfacer agravios. Salgamos de Argamasilla, dejemos atrás los blancos rientes tapiales del alegre lugar de la Mancha, mirémonos por última vez en el estrecho cauce del Guadiana, que cruza el pueblo... y reparemos en esta otra gran ilusión quijotesca. ¿Puede, en realidad, decirse con razón que es aquel riachuelo el Guadiana? No puede afirmarse. Todos los ríos del mundo tienen su origen y su curso claros. Sólo este quimérico río, sólo este río quijotesco había fcwlii s- -r LA YUNTERA de tener un arcano, como si la Naturaleza, en esta tierra de alucinaciones, quisiera con- tribuir á la exaltación de las fantasías sacando repentinamente las aguas á flor de tierra, sin saber cómo ni por qué y volviendo á hundirlas en el seno del terral, como ocurre á corta distancia de Argamasilla, sin que nadie haya podido explicar dónde paran, ni cómo se las sorbe el sediento terruño para hacerlas reaparecer mucho más allá, en los ojos del Guadiana. Quien ha visto, desde que nació, un río que muere y que después resucita, ¿tendrá dificultad para creer los casos más estupendos y las maravillas más inverosímiles? Pero ya hemos dejado atrás el Guadiana y discurrimos por los campos argamasillescos. En un prado, tascando grama sedosa y verdosas mielgas, descubrimos á la noble, á la antigua, á la emocionante pareja; en primer término el valiente rucio, más allá el flaco y despelurciado Rocinante. I a más humana simpatía se desprende de las dos asendereadas criaturas de Dios; á veces el caballo tiene decaimientos de burro, á veces el burro gallardías de caballo. Al presente los dos compañeros descansan de sus seculares é inútiles proezas. No será enteramente descabellado suponer que aguardan el yugo que á entrambos ha de unirles para la labor redentora, ya que el tiempo de las caballerías andantes feneció. LAS MARITORNES DE HOY DÍA