Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ESBOZOS R E G I O N A L E S M LEGÓ la Pascua! Con ella un soplo tibio, caricia de la costa africana... y en la blandura del ambiente cae el místico regocijo, repercute en los montes brumosos desde las ciudades y aldeas, pasa en ondas sonoras sobre la campiña, donde los almendros han florecido temprano como gaya promesa primaveral. La lúgubre visión inverniza se esfuma, con sus días crudos y cortos, con sus largas noches tristes; desaparece la impresión de la Cuaresma austera, que la vida provinciana- -monótona de suyo- -acentuó de melancolías piadosas, y callan los ecos de la liturgia solemne de la Semana Mayor ó Santa. Vuela un Allehda por los ámbitos, y al salir délos templos se confunde en un acorde magnífico con el Alleluia de la gran Naturaleza que despierta; verdea la llanura, los árboles tornan á la vida revistiendo la esquelética rama de sus primeros brotes, y Cristo resucita en muchas almas por su gracia. Es Pascua; la poética noche de Pascua, que en Levante es blanda y luminosa... convida á entreabrir las ventanas al paso de alguna Caramella. En pueblos y masías, las vigorosas voces juveniles turban la calma rural, dando serenata á sus avinadas... y ellas se asoman ruborosas, escuchando la musa popular, como si el coro tuviese un solo acento, y ofrecen emocionadas sus dones, porque entre el grupo cantante se halla el elegido de sus almas; la noche se embellece de amor y poesía, resuena el Pirineo con ecos armoniosos, hasta que, la aurora tiñe de rosa las altas cumbres, y allá en la costa se confunden los coros con la perenne canción del mar latino. En traje de fiesta y con roja barretina, recorren la ciudad las Caramellas; son menestrales y obreros que huj? endo de pasatiempos malsanos hacen de la música su honesto solaz, y cuando llega el Sábado Santo encienden farolillos de colores, cuelgan de altos mástiles las cestas adornadas, y al son de guitarras y panderos se desparraman por las calles. A media noche se detienen delante de alguna casa, V siguen otras por orden convenido; en el barrio silencioso caen las primeras notas como un murmullo de melodiosas oraciones, que en crescendo van llegando á los que esperan ó descansan detrás de los cristales herméticos, y poco á poco van apareciendo hombres y niños, bustos de mujer; la gente escucha muda y absorta la bulliciosa canción catalana, que cuenta cosas del mar y de la tierra... y aletea entre leyendas la añoranza del alma regional. Suenan aplausos luego, y las canastillas con cintas vistosas cimbréanse en el aire hasta rozar los balcones, donde manos femeniles depositan huevos frescos y sabrosas aves para el festín campestre que hacen las Caramellas al otro día- -saliendo de la ciudad á paso de marcha, armadas de enseres gigantescos; -y para completarlo, baja por la escalera un corderino pascual llevando lazos chillones entre los lanudos rizos blancos. Las barretinas ondean como flores sangrientas: es sábado de gracias... Despedida; se alejan; las siluetas se pierden en la noche, y queda el eco de la última canción. Vuelan las horas; van apagándose las luces; Barcelona palidece con el último espasmo de sus arcos voltaicos; una línea lechosa anuncia el día en el quieto horizonte, y en la sombra de callados aposentos llega al lecho donde tantos duermen, lloran ó agonizan, u n rumor cadencioso en que palpitan notas de amor y patriotismo. Porque es Pascua... la poética noche de Pascua, que Cataluña llena án folk- lore y barretinas, ¡sus dos grandes amores! Es que Cristo resucita; reflorecen espléndidos los campos, V como un himno á la vida, pasan las Caramellas... CONDESA DEL CASTELLA