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DON JOSÉ AMADOR DE LOS RÍOS Nació en Baena el ¡o de Abril de 1818. -Falleció en Sevilla el IJ de Febrero de 187 S. iN la historia de las letras- -decía el gran Bacon al trazar el cuadro de los progresos de las ciencias, -la historia del mundo es como la estatua de Polifemo, privada de su único ojo. Estas sabias palabras enseñaron á Amador de los Ríos la trascendencia de la historia del ingenio humano y fueron nuevo acicate para que no perdonase medio de llevar adelante la colosal empresa de escribir la Historia crítica de miestra literatura, para no ser tributarios los españoles, en esta parte, de los extranjeros, toda vez qt: e éstos se habían preocupado más de estudiar nuestra literatura que nosotros mismos. Para dicha empresa solicitó con gran fe el consejo de los hombres doctos de España, Francia y Alemania, y abrumado un día bajo el peso material, no vaciló en demandar al Gobierno auxilio y protección para proseguir la Historia, aun á riesgo de desatar contra sí mismo la envidia y la maledicencia, que en más de una ocasión clavaron en él su envenenado diente. La protección del Gobierno se redujo á tres mil pesetas anuales, para que con ellas sufrágaselos gastos de viajes á las Bibliotecas extranjeras y españolas, así como para la indispensable adquisición de libros. Publicado el primer tomo, que dedicó Amador á Doña Isabel II, ésta, de su peculio, le auxilió con 2.625 pesetas por cada volumen que diese á la estampa. Ea impresión de cada tomo ascendía á 10.000. Saldo en contra del autor: 2.375 pesetas, aparte del valor de su trabajo. Ea modestia del ilustre catedrático era tanta como su saber y laboriosidad. En más de una ocasión le oímos estas frases: -Pagado con creces quedaré si mis pobres trabajos llegan á despertar algún día la atención de los doctos, añadiendo una sola afirmación al inmenso 3 todavía no bien aquilatado caudal de los hechos! que constituyen la historia de la nación española. Y que su modestia no era fingida, lo prueba los siguientes tercetos que dirigió á Ventura de la Vega, pidiéndole una cita. En ellos se retrata Amador de los Ríos: A la franca amistad jamás asedio; El nombre no me agrada de importuno; aprecio á mis amigos cual ninguno, y aunque mi vida obscura se deslice, mas nunca estorbo ni me pongo en medio. más que Creso inmoral, quiero ser Bruno. Antes que historiador y arqueólogo; fué Amador- un excelente poeta- y un estimable pintor, Casi niño, cursaba Filosofía en los Estudios de San Isidro de Madrid, bajo la dirección de los Padres jesuítas, y asistía á las cátedras de dibujo, colorido y modelado, haciendo tan rápidos progresos, que su padre, en la creencia de que llegaría á ser una verdadera notabilidad en el arte, le aconsejó que, se. consagrara á la pintura, dejando los estudios literarios. En Madrid primero y en Sevilla. después, Aiñador de los Ríos, con. el producto de sus pinceles, en una época de estrecheces, pudo subvenir á las necesidades de su familia. A los dieciocho años compuso su primera poesía, titulada Rectierdos de- Baena. Desde entonces, conciso y sobrio, compuso versos de todas clases: líricos y épicos ó narrativos; comunes son á todos ellos lo castizo del lenguaje, la dicción poética adecuada á cada género, la maestría en versificar y la abundancia de imágenes. Así lo reconoce y hace constar el insigne maestro D. Juan Valera en el prólogo que figura al frente de las obras de su amigo y paisano. Cuando la Restauración fué condecorado con la Gran cruz de Isabella Católica, y al felicitarle sus amigos por tan señalada distinción, cuenta el exrector de la Universidad Central de, Madrid Sr. Fernández y González, que Amador de. los Ríos se limitó á contestar: -Ignoraba que mis servicios administrativos fuesen tan grandes, porque siempre he querido y preferido ser hombre de letras. La múltiple labor de numerosos trabajos científicos y literarios; las privaciones que se imponía; su incansable asiduidad en todas las ocupaciones académicas, y la pérdida de dos de sus hijos, minaron su ya quebrantada salud, hasta el punto de que, después de siete años de padecimientos, entregó su alma á Dios apenas cumplidos los sesenta. Sus restos 3 acen en la iglesiade la Universidad literaria de Sevilla, al lado de los de D. Félix Reinóse V D. Alberto Lista. EDUARDO D B L U S T O N Ó