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EL CENTENARIO DE ANDERSEN (IJ f MIKAMARCA y todos los países del Norte de Europa han celebrado el primer centenario del naxífM cimiento de ests. gran escritor dinamarqués, que nació en Odensea, capital de la isla de Fionía, el 2 de Abril de 1805. Hijo de ttn hidalgo venido á menos, Juan Cristian Andersen tuvo desde muy niño grandísima afición á los cuentos, y el primer libro que oyó leer y que después leyó fué as vúly jma noches. Su primer juguete fué un teatrito de muñecos, en el cual llegó á representar hasta las obras mejores de Shakespeare. A los doce años escribió una trag- edia en la que moría todo el mundo. Entró de aprendiz en una fábrica, j le echaron porciue con sus cantos distraía á los demás obreros. Huérfano á los catorce años, se fué á la capital de Dinamarca. En Copenhague se presentó al director del teatro, que no le quiso admitir por su excesiva delgadez. Un italiano llamado Siboni le prestó protección al oirle cantar, pero Juan Cristian perdió la voz, y de nuevo pasó mil apuros 3 hambres, hasta lograr una beca en el colegio de Slagelsée, donde entró á los diecinueve años, mientras sus condiscípulos tenían nueve ó diez. Allí escribió su famosa poesía El niño moriinmiio, que le dio juvenil celebridad. Al salir del colegio entró en la Universidad de Copenhague y comenzó su vida literaria, fecundísima y llena de gloria. Sus primeros libros fueron relaciones de viajes fantásticos, como la titulada Viaje á pie al canal de J- Iolmen c isla de Amagcr. Conqjuso después narraciones verdaderas de sus viajes por el Harz, Suiza é Italia, y su famosa novela El improvisador, y comprendiendo, al fin, cuál era la verdadera índole de su talento, e s c r i b i ó la. S Aventicras contadas d los niFios y e l Libro de estampas sin estampas, A estos libros siguieron después innumerables Cuentos, que han popularizado el nombre de Andersen en todo el mundo. Andersen es el poeta de los niños. Sus cuentos tienen la dificilísima virtud de interesar á los pequeños, agradando á los mayores, porque en ellos haj un punto de filosofía humana que salva con gran fortuna el escollo de la trivialidad, tan común en este género de obras. Andersen fué un gran artista, y por eso sus obras se recordarán, mientras tantos otros cuentos del mismo linaje quedan olvidados ó pasan al número de los chascarrillos anónimos que la gente repite. J. F. R.