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Cuando Dios, castigando su rebeldía, arrojó á nuestros padres del Paraíso, la ¡proscrita pareja, llegando un día a l a puerta cerrada que lo impedía, para verle de nuevo pidió permiso al ángel que por fuera la defendía. Como Adán sollozaba y Eva gemía, el guardián un instante dudó indeciso, qpe, aunque su horrible pena compadecía, al severo mandato de Dios sumiso, á franquearles la entrada no se atrevía. Pero tanto lloraron, que el centinela pidió á Dios un milagro, y obrarle quiso el Señor que á los hombres ama y consuela; sus hojas no se abrieron, mas de improviso la voluntad divina trocó en cancela la puerta impenetrable del Paraíso. Y ante aquellos que torpes le profanaron y sobre su inocente prole arrojaron los dolores y penas que la torturan, apareció alumbrado y embellecido DinUJOS DE HUERTAS por la luz misteriosa con que fulguran, la ilusión destrozada y el bien perdido. El cuento prodigioso que he referido de la memoria humana jamás se borra, y aquél que atentamente le hubiere oído, j ver creerá en cada alegre patio florido, siempre que la moruna ciudad recorra, un Edén en pequeño reproducido. T si ve tras los hierros de la cancela una mujer que en garbo y en gallardía que nació en esta hermosa tierra revela, es fácil que, admirado, dude indeciso si es que contempla un patio de Andalucía ó si está ante la puerta del Paraíso. Yo, como confundirlos puede cualquiera, la diferencia sola diré que encuentro- que en el Edén el ángel est, aba fuera, y el ángel en el patio siempre está dentro. MANUEL DK S A N D O V A L Córdoba, 1903.