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LA CANCELA Annqvie el sol nos deslumbra con sus fulgores, del patio en que, corrida, templa la vela el rigor de sus rayos abrasadores, sale una bocanada que nos consuela, mezclada con los gratos, frescos olores con que el aire embalsaman miles do ñores, al través de los hierros de la cancela. La cancela! Cien voces, cuando al acaso de la ciudad, orgullo de Andalucía, cruzo plazas y calles, detengo el paso por ver cómo formando su celosía que del patio la entrada guarda y prolegc, al torcerse y doblarse con gallardía, el hierro, laminado cual dócil fleje, sus estrellas y rombos une y enlaza, y en intrincada urdimbre combina y teje caprichosas labores de árabe traza. Centinela avanzado que, siempre alerta, del hogar que defiende vela á la entrada; de la casa andaluza típica puerta, que está al paso indiscreto siempre cerrada y á los ojos curiosos siempre está abierta; es imagen del pueblo de Andalucía, que es jovial y expansivo, rumboso y noble, y que, desconociendo la hipocresía, vive en público y sabe que la alegría siempre íjue se comparte resulta doble: que derrocha la gracia y el sentimiento, que Dios próvidamente le concediera, en las coplas que á un tiempo canta y compone: que odiando hasta en sus casas el aislamiento, sin temer las miradas de los de fuera, su miseria ó su lujo muestra y expone al través de los hierros de esa barrera que entre el patio y la calle sólo interpone, más que como muralla, como frontera. Grato es cuando la luna con sus fulgores la extensión ilumina del firmamento, y á su luz palidecen astros y flores, ver recortarse en sombra sus cien labores sobre el luciente mármol del pavimento. Y al paso, tras el fino labrado encaje, á su tranquila llama que resplandece en el azul sereno sin un celaje, contemplar las facciones puras y bellas del rostro de una hermosa que palidece, lo mismo que las flores y las estrellas. La hermosa hacia la calle mira alterada, porque aguarda impaciente para la cita á su novio, entretanto que, confiada su madre en la cancela que está cerrada, perezosa bosteza y al fin dormita. Llega el galán, y oyendo las seductoras promesas que de gozo llenan su alma, para la enamorada las dulces horas veloces se deslizan, mientras en calma, sin cuidar de su niña, duerme la vieja, sabiendo que no hay muro que la proteja tan bien del amoroso y audaz exceso como los duros hierros que de la reja forman el intrincado tejido espeso, que, insensible alas ansias de la pareja, interpone sus mallas y sólo deja que, rápido y furtivo, se futre un beso. I. cyendo un viejo infolio de pergamino, forrado en primorosa, rica vitela, me enteré del origen de la cancela y voy á referirle, porque es divino.