Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
EL BULEVAR DE LA MAGDALENA LA PRIMAVERA ENCANTADORA DE PARÍS AY en los Campos Elíseos un castaño famoso que, obedeciendo al calendario, se viste de hojas (Sí ft nuevas cuando sus compañeros persisten en estar tan secos, cual si el invierno durase atin. LI m jgg gj árbol del primero de Abril. Yo iba á verlo, en otro tiempo, todos los años, para convencerme de que á pesar del aire frío, á pesar del cielo gris, á pesar del bosque muerto, la Primavera había principiado en París lo mismo que en el resto de Europa. Ploy no necesito tal peregrinación. Sin alejarme del Bulevard, noto cuando la Primavera llega. Lo veo en algo que no es cielo azul, ni aire tibio, ni sol claro. Entre la bruma ligera, bajo las ramas secas que tiemblan, lo veo en los ojos de las parisienses- -en los ojos, y en los labios, y en las frentes. -Lo veo en la vida que anima los rostros. Lo veo en el ritmo vivo que mueve los cuerpos. Lo veo, en fin, como Verlaine, en el aleteo de los trajes. Zf? c el si palé et les arhres si greles Sevtljlent soiLri? -e á. nos eosttivies clairs Qtd vont Jlottant- le gers avee des eiirs De nonc zala 7 tce et de inoiivcment d edles. Todo sonríe, en efecto, durante estos días paradisiacos. Todo es alado, todo es ligero. Algo como un velo de hadas galantes envuelve la existencia para ocultar sus miserias y no dejarnos contemplar sino lo que en ella es goce, y esperanza. Una intensa frivolidad llena el espacio. Es una frivolidad de arte, de artificio y de misterio. En el ambiente hay perfume de flores que se escapa de las ventanas entreabiertas, y al través de las vidrieras se ven por todas partes, irguiendo sus tallos esbeltos, los iris de mil matices, las lilas frescas y las rosas primeras. Son las flores modestas. Un poco más tarde, cuando la Exposición de líorticultura abra sus puertas, vendrán las otras, las raras, las caras, las que tienen nombres extraños, formas fantásticas 3- colores inverosímiles. Ahora la frescura basta. Porque este mes es el mes de lo que no es rico. Las mujeres mismas que nos encantan por las calles, no pertenecen á las clases ricas, sino que, por el contrario, son modistillas ó burguesitas, chicas pobres, muchachas humildes. La Primavera pertenece á Mimí Pinson. ¿Qué digo? La Primavera es ella. Ella la hace con su gracia, con su alegría. Para la gran dama, para la actriz conocida, para la belleza de lujo está el Otoño melancólico, en que los encajes se esconden bajo las pieles. Pero en Abril la palma es para la juventud, para la ingenuidad. Ved esos cuerpecillos rítmicos que ondulan, llenos de vida, entre trajes de á diecisiete francos cincuenta... ¡Cuánta armonía! ¿Y esos rostros de risa bajo esos rizos de capricho? ¿Y esas bocas glotonas que enseñan los dientes de lobos humanos? Ningún secreto comprado á precio de oro en doctos institutos de belleza; ni el más divino de esos poemas de seda que los grandes costureros hacen; ni el corsé maravilloso; ni el ungüento mágico de los anuncios de cuarta plana; ni nada, nada da esa gracia. Lo único que la da es el bálsamo de los dieciocho años. ¡Primavera de París, cuan adorable eres! Tus mismos cielos, que apenas se ruborizan hacia el poniente y que por las mañanas tienen un color de perla azulada; tus cielos y tu sol de oro pálido; tu sol j- tu brisa que es una caricia perpetua, todo en ti sonríe con voluptuosas languideces, suave y deliciosamente. Tal sería la realización del ideal: no salir dé este encantamiento. Yo, por mi parte, en él permanezco el mayor tiempo posible, bañándome en poesía, bañándome en sonrisas, sin pensar en nada más. La vida corre por la calle. París, como siempre, trabaja. Un gran esfuerzo crispa su rostro de ciudad laboriosa. Pero no importa: la Primavera con su sonrisa, suaviza en estos días la crispación. París, 1 Abril igo E. GÓMEZ CARRILLO