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Til bosque está triste. Debajo de un árbol cercado de alpiste, pensando en los lirios y en las campanillas, se encuentra en cuclillas la ninfa encantada. (No sé si ya he diclio que el bosque está triste; si no, lo repito, que es cosa qiie agrada y es cosa que viste. Las vacas tranquilas, en pálidos valles- de ambientes salubres, en t a n t o que escuclian sonar sus esquilas se lamen las ubres por no estar ociosas. Y surgen las rosas y el agua en los pozos, y cantan los cucos y lloran las fuentes y. triscan los mozos comiendo almendrucos. Es la llora rojiza con motas doradas en que arde la aldea, y de uno á otro lado se ven en bandadas libélulas verdes que el viento empujea. (He dicho empujea para que se vea que no es suerte floja la suerte del vate cjue pulsa la lira, que inventa palabras cuando se le antoja. Ivl parqire florece. Temprano amanece. nir. LMO 1) 1- X A U H M Í O De púrpura tiñen los montes sus crestas (lo juro por é, stas) Dos álamos gimen; un cedro estornuda; el boj n o hace nada, y el césped le ayuda. El céfiro iTinge, y el alma del parque de gusto recruje. ¡Es la primavera que viene ligera! Dos mirlos se posan encima de un tronco: el uno está glatico y el otro está ronco. T- vu medio del lago niui muran los peces. El bosque está triste. (Lo he dicho tres veces. El bello nenúfar oscila en su rama y el a, stro del día, besando la sierra, destellos derrama, al par. que el arado se mete en la tierra (que es cuando el sereno se mete en la cania) ¡Perdón, lector mío! Me dan ya sudores. Y es que entre destellos y vacas y flores estoy hecho un lío, ¡Mas ya que azulada la musa me asiste, me acojo á lo nuevo, pues no cuesta nada, diciendo mil veces que el bosque está triste; y si liaj que ser glauco, prometo de I103 más no darme por muerto quedándome atrás. JUAN PÉREZ ZUÑIGA