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II Primavera tan florida nunca la vi cual la de un pueblecillo de Mallorca, blanco como un cisne, con un dosel azul por cielo y un ancho mar por alfombra. Al abrir los balcones por la mañana, un aroma exquisito subía de la llanura; todo el pueblo olía bien, y un perfume de frescor virginal, de flor abierta, de prado florido y de alboi- ada embriagaba los sentidos. Tras las tapias, un desbordamiento de blanco resaltaba sobre el azul: blanco rosáceo, blanco verdoso, blanco crema, blanco irisado de violeta; todos los matices del blanco formando ramilletes herniosísimos y no dejando sitio á las hojas; todas las formas de flores, amontonadas, medio abiertas, reventonas, en ramilletes, en ringlas extendidas, hasta derramarse en el mar; todos los caminos alfom. brados por una nevada olorosa; todos los arroyuelos centelleantes; todo el valle adornado; todo un boscaje de Primavera que estallaba á la vez c o m o n n a erupción de vida. Nanea la tierra se había vestido de novia como en aquel blanco pueblecillo; nunca el mar había visto á su vera un jardín de tal hermosura; nunca las abejas ni las mariposas tuvieron tantos olores que gozar, ni casa mejor vestida para cobijarse los pajarillos, ni perspectiva más bella para la mirada del hombre. 4 r 4 s ííLáí iK: i i r sH í ii. 1 f f l i? i f i i SSáfe P X. r. ¡Y qué feliz debía de ser la vida allí! -pensaba, sin duda, el caminante contemplando aquella gran fiesta. ¡Y qué felices y ligeras debían de resbalar las horas bajo aquel techo hermoso! ¡Y qué paraíso de ensueño, qué tibio escondrijo para no moverse de él nunca! -pensaba yo contemplando aquel paisaje. Mas ¡ay! allí en el mar, sobre aquellas ondas de tan soberano azul, casi como quien dice mismamente debajo de las ramas que se columpiaban al peso de la vida de tanta blancura espléndida, había una nave gris, una nave fatídica, una nave cárdena, toda llena de emigrantes, pero que aún no tenía demasiados y venía á buscar más, á sacar otros y otros de aquel nido de pluma blanca 3 llevárselos más allá de las olas, donde la nieve no era de flores, donde no había Primavera. ¿Adonde iban acjuellos hombres dejando el olor de la patria para subir en unos maderos que sudaban pobreza y alquitrán? ¿Qué iban á buscar detrás del oleaje? ¿Qué encontraríatr allá lejos en aquellos pueblos modernos, levantados como casas de baños para limpiarse la miseria; ciudades plantadas de nuevo con calles numeradas, con árboles sin savia, con homlares extranjero. ¿Qué encontrarían allá lejos entre el vaho de humareda que ennegrecía la Primavera, ó en el corazón de la tierra negra de carbón de piedra, ó entre aquel tumulto de imáquinas 3 escalofrío de angustias y empujones de los hombres para hacerse un lugar en la mesa de la vida miserable? ¿Qué canciones cantarían en aquel país donde la fuente de poesía estaba enjuta? ¿Como podrían rezar en templos de alquiler? ¿Dónde serían enterrados si morían en aquellos países prácticos donde los muertos tanto estorban? ¿Dónde volverían á ver el blancor de Primavera que dejaban al partir? ¡Oh mísera humanidad! -pensé. -Allí donde no tienes Primavera, la crías en una estufa, la haces artificial, la imitas y la disfrazas. Allí donde los hombres la ensueñan, y la envidian, 3- la esperan afanosos, allí pasa perseguida por el Invierno que la hace suj- a, 3 donde la tienen... emigran. ¿De qué sirve la Naturaleza? ¿Por qué haj flores para cada hombre y no fruto para todos? ¿Por q u é gozar la esperanza, por qué respirar el aroma, si en llegando la hora de la vida y de coger la promesa, para vivir es menester huir á desoladoras tierras? ¿Por qué la nieve del Invierno mata á los miserables pobres, y por qué no les da vida la nieve de la Primavera? ¡Qué triste es que el cuerpo del hombre no se nutra de belleza como se nutre el espíritu, y tener que dejar la patria porque no da para vivir! SANTIAGO DIBUJOS DE EEGIDOR RUSINOI,