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de ese modo. Ya ves, los pájaros cantan con el pico, Y por mucho que se froten las alas no producen el chirrido más leve. No son artistas. F É u x S í pero su canto tiene muy varias notas y muy diversas modulaciones, y el tuyo es siempre igual; monótono, cansado. ¿Sabes por qué es eso? Porque tú vives en una cueva y ellos habitan en el aire. Su canción es la canción de los seres libres, que trazan con su cuerpo curvas á zig- -zag en la luz del espacio, y el tuyo el de los pobres prisioneros que viven soterrados y gozan como única alegría la de asomarse al agujero de su cueva y lanzar su monótono canto. Si yo cantase, cantaría también como tú. E L GRm o. -Me parece que exageras un poco; los hombres no podríais cantar como los grillos reales. FÉLIX. -Todos los hombres, no; tienes razón. IYOS poetas, sí. E L GRILLO. ¿Quiénes son los poetas. FÉLIX. -Unos pobres grillos que se pasan la vida cantando en el agujero de su cueva. Y no creas que su canto varía mucho del vuestro. Siempre la misma nota, más intensa ó más débil, más brillante ó más plañidera, pero la misma. ¡Nostalgia de la luz y tedio de la cueva! E L GRILLO. ¿Entonces, esos poetas tendrán alas como nosotros? FÉLIX. -Si; las mismas alas que vosotros; unas alas rugosas y duras, que no sirven para volar. Con el ansia de lograrlo, rozan una sobre otra, producen un monótono chirrido, se emborrachan y creen que vuelan. Pero ¡ay! no se apartan del borde del agujero. E L GRILLO. ¿Ha 3- por aquí cuevas de poetas? Celebraría muchísimo oírles y comparar su canto con el mío. FÉLIX. -No, las cuevas de los poetas son casas de las ciudades. 411 í lejos, en aquel pueblo grande que tú no conoces, viven algunos grillos reales, pero apenas cantan. Los demás hombres encuentran su vulgar chirrido demasiado sublime, y les mandan callar en cuanto rozan los élitros. A eso le llaman idealismo, á restregarse las alas en el borde de una cueva. E L GRILLO. ¡Pobrecitos! Al menos, en este bosque cantamos cuanto nos da la gana. Cuando vuelvas á la ciudad manifiéstales mi simpatía á los hermanos poetas. Si te he de ser franco, yo también tengo mis tristezas y eso que todos me alaban por el vigor y la brillantez de mis canciones. Cierto que el arte consuela mucho, pero me cansa la cueva, Desearía vivir siempre á plena luz y moverme rápidamente en el aire. Ir de aquí para allá, sorprender secretos de amores, gozarla amplia libertad del cielo, aprender cantos nuevos. FÉLIX. ¡Calla, desgraciado, que pareces un hombre! E L GRILLO. -Tengo envidia de las mariposas. FÉLi. x. -Infcli E L GRILLO. -Desearía convertirme en pájaro. FÉLIX. -A ti también te encerró el destino en una fuerte y pesada armadura. No puedes apenas moverte, no te está permitido alejarte de tu agujero. Sólo te falta la cédula personal y que te cobren el inquilinato de la cueva. Veo que también la Naturaleza crea esclavos. Yo pensé que esa gracia nos la imponíamos los hombres. E L GRILLO. -Cerca de mi agujero vienen al anochecer, á descansar, las mariposas, y me da muchísima envidia oír las alegres historias que se cuentan. Lo que han gozado en sus vuelos, las cosas que han visto, las flores cuya dulzura han gustado, los amores quedas han unido sin detener el impulso de sus alas. Yo canto desesperadamente, y ni siquiera me oyen. Ea embriaguez de la libertad, de la vida, del aire, de la luz, del amor, les tiene como locas. Así vale la pena de vivir, aunque no se cante. Los seres felices no necesitan ser artistas. Toda canción nace de un sufrimiento. FÉLIX. ¡Vuélvete á ttr cueva, que me estás llenando de desesperación el alma! Tú, á tu cueva; yo, a l a mía. ¿Por qué naciste grillo real, des venturado? E L GRILLO. -Mira, allí viene volando una mariposa. ¡Qué gracia en sus movimientos, qué hermosa posesión de su voluntad, qué ricos colores los de sus alas! Es la alegría de vivir batiendo el aire. Hermana, hermana, acércate un momento. L A MARIPOSA. ¿Quién me llama? E L GRILLO. -Soy y o tu vecino, el artista, el cantante. L A MARIPOSA. -Pero á t u lado está un hombre... E L GRILLO. -No te asustes, es como otro grillo. Aproxímate sin miedo, no te hará ningún daño. L A MARIPOSA. ¿Qué me queréis? FÉLIX. -Admirarte y decirte la mucha envidia que nos causas. Tú eres libre, dichosa, inconstante. ¡Tú vuelas! L A MARIPOSA. -Es verdad; j o vuelo y soy feliz desde que empezó esta Primavera. FÉLIX. ¿Y antes? L A MARIPO. S. I. -Antes ¡oh no! encerrada en su capullo, sin movimiento, sin libertad, sin luz casi, ¿cómo queréis que sea feliz una pobre crisálida? Renací y vuelo. FÉLIX. ¡Renacer y volar! Dime, hermano grillo, ¿renaceremos también nosotros en otra Primavera? ¿Se trocará en vírelo alegre y vario la monótona canción de nuestras alas? Nuestra vida ¿dejará de ser un chirrido al borde de una cueva? Volvámonos con esa esperanzad nuestro agujero. La tarde cae; mi cueva está distante. Adiós, grillo real; canta hasta convertirte en mariposa. Adiós, mariposa; vuela hasta desperdigar en el aire el polvillo de oro de tus alas. ¡Renacimiento, qué hermosa esperanza! La noche llega, pero no importa: va hay un lucero en el cielo. J O S É DE R O U R E fí mmm: m r r í f í- -i