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HeVlSTA LUSTRADAf ANO XV MADEID, 22 DE A. BEIL DB 1905 KUM. 729 tiA t. -j aK? si; ferta Í- J Í Cv, RENACIMIENTO UN H O M B R E -UN G R I L L O -UNA MARIPOSA FÉLIX. ¡Qué hermo. so está el bosqtie! ¡Qué amorosamente, oh Primavera, has llenado las ramas de los árboles de hojas nienuditas y lustrosas, y con qué afecto maternal sueltas entre ellas el rebullicio de una ráfaga para que jugueteen y se alegren, como los niños cuando escuchan la palabra asueto y se agitan y palmotean! ¡Qué frescura de aliento nativo en este rincón del bosque! Aquí dormirán las mariposas después del tráfago diario, arrulladas por ese rumor secreto de agua que corre casi soterrada, y que parece que va murmugeando historias de las que se cuentan al oído. Amores, amores siempre; pero amores rápidos de seres que surgen, se encuentran, se ven, se aman y prosiguen al punto, separados, su camino como si no se hubieran jamás visto ni amado. Esos amores de un instante, que son todo el amor de la Naturaleza. No lejos de aquí, en la ciudad vecina, en ese pueblo que me alberga y que odio, los hombres, mis semejantes, desde q ue nacen hasta que mueren, van arrastrando cada uno su pesada cadena, siempre fatigo ia, siempre lá misma. Un sacerdote nos impone un nombre para toda la vida; el azar nos condena á una clase social determinada; nos ensenan á todos lo que llaman verdades, y desde niños hemos de caminar por calles rectas. I a uniformidad nos viste, la posición nos agrupa, la sociedad nos ata. Las amistades son más lazo tener alas, tiene grilletes, y hemos de amar, si amamos una vez, el mismo amor toda la vida. Desde la cuna ha. sta el sepulcro, encerrados én una misma personalidad como en una iurrompible armadura, y rendidos al peso del nombre, de la condición social. de las leyes, hasta de los cariños, hasta de los amores. ¡Oh rabia! y en la Naturaleza todo varía, todo se transforma, todo se agita, todo vuela libremente. ¡Calla! un grillo. E L GRILLO. ¡Tate! un hombre. FÉLIX. -No huyas, no; no procures esconderte; no te metas de nuevo en tu cueva; no pienso hacerte ningún daño. Vamos, ten confianza en mí j echaremos un párrafo. ¿Qué hacías asomado á tu agujero? E L GRILLO. -Tomaba el sol é iba á cantar. Tengo un chirrido de los más brillantes, y puedo estar cantando sin fatigarme tres horas seguidas. FÉLIX. ¡Artista! E L GRILLO. -El que me oye una vez no confunde mi canto jamás con el de los otros grillos. Soy grillo real. F ÉLix. ¡Caramba! no creí encontrar tanta majestad en la boca de una cueva. Y dime, augusto grillo, tú ¿por qué cautas? E L GRILLO. -Yo canto rozando mis alas; ¿no lo sabías? Pues no creas que es cosa tan fácil cantar