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SERENATA -Templa, Antón, esa vihuela que cantar quiero una copla delante de las ventanas de esa perra, mala sombra, que me tiene más perdió que mi capa, que está rota. -Yo te apruebo lo del catite, mas creo que no se oponga á que antes nos refresquemos con unas tintas la boca. Justamente está muy cerca se desataron las lenguas y empezaron las historias. Se habló de artes: Juan y Antón son competentes personas en punto á cerrajería, pues saben, entre mil cosas, cómo se fuerza una puerta cuando abrirla les importa. Se habló de viajes: los dos han recorrido con honra los presidios más famosos que España tiene en sus costas. También hablaron un poco de religión, pues me consta m la taberna de Canosa, y pa los amigos tiene un vino que da las todas. -Como quieras. -Pues andando. Y Antón y Juan, sin demora, entraron en la- taberna y pidieron unas copas. Antón pagó tres, y Juan, hombre de mucha prosodia, pagó, para no ser menos, ptras tres, y entre unas y otras, que visitan las iglesias, y que se encuentra en sus bolsas todo lo que se extravía entre la gente devota. Como hablaron tanto y tanto, fué necesidad forzosa beber más, cual si tuvieran en la garganta una esponja; y Antón y Juan, cada uno pagaron otras dos rondas, de modo que al poco tiempo, con la lengua estropajosa, Antón hablaba en latín, y Juan en no sé qué idioma. Como sucede entre gente de su. abolengo, las cosas se enredaron; las palabras concluyeron por las obras. Una bofetada Antón dio á Juan, y Juan por la posta le atizó con la guitarra, que se hizo pedazos toda. Salieron las de Albacete, que eran dos soberbias hojas, con más muelles que los puertos más celebrados de Europa. Rodaron bancos y mesas, capas, sombreros y copas, jarras, botellas y platos, y animales y personas, ha. sta que llegó el sereno con algunos de la ronda, terminando la batalla, que concluyó. por derrota. De pechos á la ventana entretanto estaba Alfonsa, esperando que su amante la cantase algunas coplas. EDUARDO D B I U S T O N Ó DIBUJO DE ESIEVAN