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do de los perdidos terrenales gustos, aunque en el deseado trocito no encontrase manera de sacar los redaños á las clases pasivas. Y en esto discurriendo, decidió primeramente cuidar de su ser corporal con buenos alimentos, medicinas, reparos y demás cosas importantes que apuntalan la salud y prolongan la vida; y conjunto á semejantes precauciones, hizo un testamento por el cual dispuso que pai te de su fortuna se invirtiera- -no bien emprendiese el viaje postrero- en misas, responsos y novenas por el eterno descanso de su alma, dichas y dedicadas á los santos de más nombradía, 3 la otra parte se empleara en rá a: í de oración, ó sea cantidades en metálico concedidas á aquél que se comprometiese á rezarle más por menos dinero. Con tan ingeniosa subasta, amén de las misas y novenas, creyó haber dado en el ítem del aura popular de que seguramente disfrutaría allá en los paradisiacos espacios; y cuando bullía en su magín otra nueva combinación que perfilase la de la puja á la llana, vino el exantemático V se lo llevó en un verbo. De un salto se plantó el alma de Pelagre en las puertas de la gloria, muy segura de que se le abrirían de par en par; pero al ir á salvarlas, quedóse perpleja y mohína al ver que el Santo Guardián cerraba el paso con mal gesto y peor talante. Qué vienes á hacer aquí, insensata? -exclamó San Pedro todo indignado. -Señor- -repuso el alma de D. Eleuterio, ¡siquiera un rinconcito, por caridad! -Nosepuede e n t r a r -c o n t e s t ó el apóstol. -Mire que me arrepentí... -De mentirijillas. -Que pedí la b e n d i c i ó n papal. -Por pedir algo. -D éj e m e que le explit. que... T r- -Largo y pronto, usure- i T T raza, -interrumpió el divino p o r t e r o lleno de eno i- j o y cuando ya v o l v í a la e s p a l d a á la i m p or t u n a aparecieron í. -e- -i- fl de improviso í. San José y San nimo. ¡Ahí es nada! -explicábales San Pedro. -Que el alma del hombre más hipócrita y sacamantecas q u e vivió- JE Jírt en el mundo, pretende colarse entre nosotros sólo p o r q u e á última hora se h i z o santurrón y se gastó unos cuantos reales en padrenuestros y avemarias. ¿Y si encontrásemos alguna rendija por donde esta desdichada pudiese entrar? -interrogó VÍÍ, entonces San José, siempre bueno y compasivo. En gracia á su autoridad se discutió el caso, y al fin se decidió que la agravante del préstamo al cinco por ciento mensual quitaba toda esperanza de redención. Elevóse á ley este acuerdo para todos los congéneres de D. Eleuterio que pretendiesen la gloria eterna, y el alma de nuestro héroe salió camino de los infiernos con una velocidad de mil millones de leguas por segundo. 1 Pero como los mortales no pudieron enterarse de la suprema pragmática refrendada por el que todo lo puede, los amigos y correligionarios de Pelagre repartieron unos recordatorios, entre cuyas piadosas sentencias, en honor del difunto, se leían las siguientes: La rectitud siembre estaba en szt corazón y la verdad -Hizo bien á. todos sin esperar agradeciv iento. Prestó én el suelo y recogió e 7 z el cielo. en sus labios Cuando San José, San Pedro y San Jerónimo tuvieron noticia del suceso, tomaron con las manos la bóveda celeste. E. GÜTIÉRREZ- GAMERO DIBUJOS DE MÉNDEZ BRINCA