Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
3 UFK I5. BTIOI 0.1 IINETE en lilla yegua andadora, iba 3 0 de camino, solo y callado. Quedábanme niuclias leguas i j por andar. La noclie dormía aún sobre el paisaje, dando á los matorrales y á las hondonadas el encanto de su misterio. A poco, la cabalgadura entró en un robledal qn. e la vereda recorría ondulando. Eajo las copas entretejidas hacíase más intensa la sombra y más hondo el silencio. Sólo de vez en vez un claro, dejaba contemplar las estrellas que relucían en la altura, y luego iban á reflejarse, como víboras de luz, sobre los aguazales del camino. Fuimos así luengo rato. De pronto la maleza crujió como al paso de una alimaña, y la cabalgadura se detuvo con las orejas rígidas y anheloso el resuello. Luego, ante mí, dibujóse una sombra indecisa, cuyos perfiles no logré por entonces concretar, á tiempo que una voz dulce é implorante decía con amorosa mansedumbre: -Señor; de no llevar mucha priesa, y aun cuando la lleve, señor, ruégele que descabalgue. Va el señor á hacerme un bien muy grande. Es un bien de cai idad, señor. Lo espero de su nobleza. Era de mujer la voz que me hablaba, y era lánguida, dolorosa y humilde. Me apeé sin contestar, y la voz volvió á decir, salmodiando queda, con sonidos apa. gados, sordos, languidecientes: ¡Dios se lo premie, señor! ¡Dios quiera que todos sus deseos se cumplan, y que el camino de su vida sea un camino de rosas, y que lo no sabido venga siempre á darle alegría! Y entonces advertí cómo l a v o z temblaba, lacrimosa y murieiite. Mis ojos habíanse hecho á la obscuridad, y pude conocer que quien me hablaba era una vieja con el bulto de un niño en brazos. Ella á mí debía verme aún mejor. -De verdad, ¡cómo me duele molestar al caballero... Mas es tan grande mi cuita, que de otro modo no me puedo valer. Tiene aún que hacerme la merced de aguardar un rato... Hasta el asomar de los primeros clarores. ¿Aguardará, señor? Se lo prometí con grave benevolencia, y en tanto aguardábamos, quise saber los motivos de aquella aventura. La buena mujer comenzó diciendo: -Es, señor, que en nuestra choza, de por fuerza h a entrado una mala hada. Todas mis gentes se mueren de un mal extraño. Háseme muerto la hija y el su marido y el nieto mayor, que me ale. graba 9 m yjC -í- tMi RP í- -T T. rA -v. v el vivir con sus decires lenguateros. El mal entra en silencio y en silencio muerde. Así se van unos tras otros, con los huesos casi descarnados, consumidos, que da lástima de los ver... Sólo me queda en el mundo este nieto pequeño, que también comenzó á marchitarse. Fui con él adonde la Sadia de Hermunde, y la Sai ¿a me ha dicho: Lleva al nieto, una noche de nueva luna, á un camino que atraviese un robledal donde haya robles nuevos; busca un arado con que tu padre removiese la tierra en sus días; con el hierro de ese arado funde un hacha; no partas nada con ella, y llévala también. En el ca-