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VERDADES Y MENTIRAS Ninguna de las mil fantasías que con este asunto se han escrito resulta, cual suele suceder siempre, tan interesante como la realidad. D e la interesante y curiosísima información que publica una popular revista francesa tomamos los datos esenciales, que, por su prosaísmo, tienen todos los caracteres de la certeza. Para domar un león lo primero que se hace es meter en la jaula una silla de paja mientras la fiera duerme. Cuando se despierta, se lanza sobre la silla y la destroza. Al día siguiente se repite la operación. El león vuelve á destrozar la silla. Cuando ha hecho lo mismo con cinco ó seis- -lo más diez- -sillas exactamente iguales, la fiera se convence de que es inútil destrozar aquel objeto que resucita siempre, y acaba por no hacer caso de la silla. Al punto, aprovechando el primer sueño del león, el domador le ata un collar, cuya cadena clava en el suelo de la jaula. El animal se despierta, quiere lanzarse sobre el hombre, pero como está sujeto, se esfuerza por soltar, hasta cansarse. Repitiendo este bonito número muchos días, el león se acostumbra también á ver al hombre y presiente que no va á poder hacerle daño. Llega el día terrible en que el hombre entra en la jaula hallándose el león suelto, y ¿qué armas dirán ustedes que lleva consigo? Las más ridiculas é inocentes. E n la diestra, una horquilla puesta al extremo de AR T E D E LDEO M A SR ONE fauces. Esto, comienza e! domador p o r hacerlo llevando la cabeza dentro de un férreo armatoste, como un palo; arrollados al cuerpo, unos zarzos de paja pelaza, como la que sirve para envolver las botellas de Champagne, y en la mano izquierda... la silla famosa. Si el anima! intenta un ataque, el domador le amenaza con la horquilla ó le da con ella un golpecito suave en las narices, que es la parte flaca y sensible del león. Si acomete, el domador se resguarda con la silla, que el león cree invulnerable. Y si, fiero, larga un zarpazo al pecho, las garras se le escurren en la paja, golpean en blando y no obtienen resultado alguno. Al cabo del tiempo, la terrible fiera está persuadida de que todo aquello es un juego, y á título de juego y diversión lo acepta t o d o Así el domador, combinando la suavidad con la astucia, llega á ejercer imperio absoluto sobre la fiera. Lo más difícil es hacerle abrir la boca y que no la c i e r e cuando el domador le pone la cabeza entre las se ve en la figura adjunta, y permanece así largo r a t o Habituado el león á tener en la boca la cabeza enjaulada, llega á no producirle la menor sensación que el domador confíe á sus dientes la parte pensante, digámoslo así, de su persona. T o d o hasta que un día el león se cansa de jugar y organiza una merienda ó una comida con su confiado amigo. A Y S I T I O P A R A vista del crecimiento T O D O S! í advierte en la población de t o d o s los países del mundo en donde se redactan estadísticas, varios aficionados á esta ciencia se han dado á cavilar si, de proseguir en proporciones análogas el aumento de natalidad, llegará á faltar espacio en el planeta, y más aún que espacio, lo que se llama pedantescamente elementos nutritivos. El problema es m o r r o c o t u d o Según todos los cálculos, la población actual del mundo se decuplicará de aquí al año i i S o es decir, que para ese año, si continúan las cosas como hasta aquí, los habitantes de la tierra serán cincuenta y dos rail millones. P e r o aunque se llegue á tal densidad de población, no se pasará, con esta cifra, de cuatrocientos habitantes por kilómetro cuadrado, lo cual viene á ser el doble de la actual población de Bélgica, el país más poblado del mundo. Podemos, pues, dormir tranquilos hasta 2 2 5 o Y luego, ¡Dios sobre t o d o! Un químico austríaco ha p O L V O S C O N T R A ¡aventado unos polvos que L O S L A D R O N E S constituyen seguro remedio contra la enfermedad eufemísticamente llamada fcleptomanía. Polvos contra los ratones ya se conocían; pero éstos contra los ratas, son absolutamente nuevos. Son unos polvos invisibles é incoloros que se depositan suavemente sobre, la puerta, cerradura, llave ó caja que se desea vigilar: pero al entrar en contacto con la piel humana, la manchan de un azul vivísimo que tarda mucho tiempo en desaparecer. P o r este medio, un banquero de Viena ha logrado recientemente descubrir cuál era el empleado de su casa que distraía de la caja algunas cantidades. Al día siguiente de untar la cerradura con los polvos misteriosos, se vio que el empleado infiel tenía las manos bellamente azuladas. Esto no es un cuento azul... ó los cuentos azules se convierten en cuentos de ladrones. H