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iRomnnticine, ou non, Echegaray sifoit parlie désoimais d e cette gioKrieuse pléiade qui honorc lo monede cntier. H. DE BnircHAlíD. f J o c o á poco en el Extranjero el círculo -de nuestro prestigio literario va ensanchándose. Ayer sólo eran cuatro ó cinco los conocidos, y aún temo exagerar... tal vez sólo eran dos ó tres. tal vez sólo uno... Pero afortunadamente, en estos últimos años las cir cunstancias han sido propicias. Han dado la gloria- á- Galdós- -á Galdós, que forma ya parte de las letras universales, como Ibsen, coiuo d AnnuHzio, como Franca; -han dado á doña Emilia Pardo Bazán la notoriedad; han dado un puesto envidiable, entre los nuevos, á Blasco Ibáñez; han dado, en fin, á Echegaray, el último llegado, pero el más dichoso de todos, una popularidad completa. Y notad que no os hablo únicamente de París, puerto del mundo moderno; ni de Londres, en donde para todo hay curiosos; ni siquiera de Berlín, la ciudad de los eruditos cosmopolitas, sino del mundo entero. Yo vuelvo, justamente, de tierras lejanas, de ciudades para nosotros exóticas, y en todas ellas lo primero que he oido es el nombre de nuestro ilustre maestro: ¡Echegaray! lín Koenisberg, en Riga, en Varsovia, en San Petersburgo, todos los que leen os dicen, cuando saben que venís de España, el mismo nombre con igual acento. Y es que no resulta fácil, aún á las más grandes naciones del mundo, ostentar gloria igual é igual figura. Con los dedos pueden, en efecto, contarse los que han sido coronados, en Stockolmo. En seguida, la lista de los que no lo han sido se alarga lamentablemente. ¿Tenéis vosotros, fieros alernañes, un poeta laureado? ¿Y vosotros, yanquis poderosos? ¿Y vosotros, ingleses admirables, que tuvisteis un Shakespeare, un Scheley, un Tennyson? ¿Y vosotros, hermanos de Castro; vosotros, hijos de Camoens? ¿Y vosotros, en fin, toscanos líricos, toscanos sutiles? Él honor es mucho más grande de lo que en un principio pudo parecemos. Reflexionemos. Gracias á él, un poeta nuestro une su nombre con el del último cantor épico de Europa. Pero tal vez por lo mismo fuimos, en un principio, rebeldes. Nos dijimos: t o que necesita nuestra patria no son vates románticos, ni cantores de legendarios vuelos, ni visionarios del pasado... El porvenir está allí; luchemos por alcanzarlo. Y no volvamos la vista hacia atrás, y no pensemos en seguir, cultivando las brillantes quimeras que tan caro nos cuestan. El mundo ha cambiado de ideales. ¡Se acabaron los líricos caballeros! L, os secretos futuros Itji: l- u JiR V Á R E L A no deben buscarse en el puño de la espada, sino en el brazo del obrero... Dijimos. Y yolviendo los ojos, ávidos de ejemplos prácticos, hacia otros puntos, quisimos ser desdeñosos para con aquel que encarna aún el alnia caballeresca de nuestra raza. ¡Ah! Yo, como los demás, soy pecador Yo traté, ávido de vida moderna, de acción moderna, de pensamiento moderno, ávido de mañana, ávido de egoísmo estético; yo traté de hacer creer á. los que tienen la ingenuidad de oírme, que aquella corona que el mundo entero envidiaba, ¡había caído en la frente de un muerto! Han sido los extranjeros los que nos han hecho comprender que este muerto está vivo. -Et qti est- ce que ce hriiit fdchetix d ccadémics De discoiírs de concours autour de ce grand hoiiwic En évei lj parmi tant des chases endormies? Esta vez Verlaine no. podría decir lo mismo. JEse ruido sirve para hacernos ver que hay una l usticia que hacer. Es un ruido que llega á nuestros oídos; en alas de vientos lejanos. Es como aquel otro ruido que despertó en una España olvidadiza el divino fantasma de Cervantes, un murmullo halagador que viene del otro lado de la. montaña, que viene del polo, que viene de los cuatro puntos cardinales, y que clama respetuosamente admirativo: ¡Echegaray! ¡Echegaray! No digamos ya: -Es un poeta que no responde ni á nuestro gusto actual, ni á nuestras aspiraciones nuevas. Es un poeta de épocas muertas... Ni digamos tampoco: -Es un superviviente de la raza extinguida de los románticos... No; no lo digamos, porque la posteridad- -que comienza fuera de las frontera: s- -apenas comprende lo que significan estas disputas de retóricos. Para ella no hay escuelas, no. haj modas, no hay estéticas. Ella funde IQS siglos y dice, refiriéndose á los que siguen siendo contemporáneos del alma humana: Homero y H u g o Virgilio y Verlaine, Shakespeare y Baudelaire, Villon y Keats, Sófocles y Edgard Poe, Cervantes y Heine, David y Goethe: ¿Qué son treinta años para ella? Ni las patrias ni las edades la preocupan. En un crisol de prestigio, ella, todo misericordiosa y llena de gracias, funde á los de Ayer con los de Anteayer para formar la raza de los de Siempre. Ella, en fin, multilingüe, soberanamenta voraz y santamente egoísta, ella nos grita hoy en inglés, en húngaro, en chino, en francés, en alemán, en turco, en ruso, en italiano: ¡Vuestro Echegaray es mío! E. GÓMEZ CARRIEGO