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FRAGMENTO DEL DISCURSO PRONUNCIADO POR D. JOSÉ ECHEGARAY E N E l CONGRESO DE DOS DIPUTADOS ED DÍA 5 DE MAYO DE 1869 UES bien, la libertad religiosa es tino de. estos derectos anejos al hombre; es uno de estos dereclios que proceden de su naturaleza, que proceden de ias grandes leyes de la sociedad, que no están sujetos al número; derecho tal, que aunque todos los españoles, menos, uno, fueran católicos, y ese uno no fuera católico, ese, en virtud de su derecho, derecho soberano superior á toda, mayoría, podría decir y tendría razón: Yo puedo adorar al Dios en quien; creo de la manera que considere conveniente. Pero en virtud de estos nuevos derechos y en virtud de esta nueva idea, la personalidad humana ha tenido mayor desarrollo, ha tomado otro carácter y se ha ensanchado; en virtud de estos nuevos derechos, la personalidad humana no es ya mi pobre envolvente material: allí hasta donde mi trabajo ha llegado; allí hasta donde yo he ido, regando con el sudor de mi frente éste ó aquél objeto material elaborado con mis manos; allí hasta donde han llegado las fuerzas internas de mi ser en su constante expansión, allí estoy yo; hasta allí llega mi derecho: de esta suerte mi personalidad se ensancha, mi personalidad ECHEGARÁV EN 1869 busca espacio; y con tal de que no choque con otra personalidad humana, con tal que no ataque un derecho que la limite en su camino, puede extenderse y puede cumplir su soberano destino en la vida social. De esta manera, cuando yo con mi trabajo, cuando 3- 0 con mi fortuna, cuando j- o con mi capital, con lo que eS mío, levanto un templó, y dentro de ese templo adoro al Dios en quien creo, aquel templo soy yo, aquel templo es mi personalidad, aquel templo está protegido de todo embate exterior, proceda del hombre ó proceda de las fuerzas colectivas, es decir, de la sociedad; está protegido, digo, por mi derecho; y lo que en ese templo pasa, es como si pasase dentro de mí. En una palabra, señores, ese tempip es mi personalidad; y si mi personalidad es digna de respeto, y si aquí, dentro de mí, mi conciencia es digna de respeto, lo es también ese tempío y el culto que en ese templo doy yo al Dios que adoro. El pensamiento no puede estar encerrado dentro de fórmulas teológicas; el pensamiento necesita espacio, necesita libertad, necesita atmósfera, necesita extenderse, necesita grandes hiijótesis, necesita grandes tentativas, grandes equivocaciones á veces; pero necesita equivocarse de esta manera para alcanzar con enérgica fnerza, con fuerza propia, la verdad en la ciencia, la verdad en la filosofía, la verdad en la metafísica. El pensamiento encerrado en moldes teológicos, ó se ahoga, ó en ellos muere por asfixia, ó los rompe y estalla; por fortuna, la Historia nos dice que siempre los ha roto. Los rompió en Egipto, y vino la época de las grandes concepciones científicas de la Grecia; los rompió en la Edad Media, y ha venido la moderna civilización, esta civilización en la. cual estamos, en la cual vivimos, en la cual respiramos, y con la cual vamos al través de nuestra dolorosa pero sublime peregrinación en la tierra. Y no quiere esto decir, no significa esto en manera alguna que la ciencia, que el pensamiento científico sea hostil á la religión y á los sentimientos religiosos. No; hay perfecta armonía entre la ciencia y la religión, como manifestaciones de un todo, de una unidad, de algo más grande que las envuelve á las dos; lo que hay es que cada una de esas manifestaciones tiene su riíanera propia de expresarse, su manera propia de desarrollarse. La ciencia necesita aire, necesita espacio, necesita errar algunas veces; no puede aceptar una verdad hecha, impuesta, inalterable; pero en el fondo de toda verdad científica, cuando el pensamiento es profundo, cuando no es perjudicial, cuando no es de antemano hostil á ciertas ideas, hay un gran sentimiento religioso, porque allí aparece y se pone en contacto con lo trascendental, con lo eterno, con lo invariable, con lo infinito. La ciencia ama á la religión, sólo que la ama á su manera; no se encierra en ella; no se ahoga en ella; es como, el águila, que ama las montañas, que pasa de unas á otras, que se posa un momento en la más elevada, pero que después tiende su vuelo, sube á las nubes, se pierde en el espacio, 3 las montañas ahí se quedan, inmóviles, gigantescas, sobre sus cimientos colosales. 5 de Mayo de Í 869.