Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
domesticado y enjaulado en el hogar de las máquinas de vapor. ¿Y, sin embargo, es seguro, completamente seguro, que jamás hasta principios de este siglo se empleó el calórico como fuerza motriz? No lo es. En gran escala no se empleó seguramente; pero gérmenes de los modernos descubrimientos encontramos algunos recorriendo la historia de la humanidad. No ya en el Renacimiento; no ya en la elaboración sombría, aunque fecunda, de la Edad Media; no en los soberanos tiempos de Roma; no en los luminosos tiempos de Grecia; mucho antes, en Egipto, encontramos la aplicación del calor coino fuerza motriz. Una aplicación pequeña, muy pequeña, ruin, insignificante; un juguete, casi casi tina superchería, pero fundada, en realidad, en la aplicación del calórico cc no fuerza. Trátase de una verdadera máquina de aire caliente, inventada por el genio admirable de los sacerdotes egipcios, sólo de ellos conocida y sólo por ellos empleada. Imagínese el lector el interior de un templo egipcio; en el fondo está el camarín sagrado, y cerradas están sus puertas. Y delante del camarín supongamos un trípode, sobre cuyo platillo ha de encenderse el fuego qvie la ceremonia religiosa exige como muestra de adoración á la divinidad del camarín. Pero el fuego está apagado, el camarín envuelto en el misterio y la divinidad no se muestra á sus adoradores. Un sacerdote prende fuego á la materia combustible colocada sobre la platina del trípode, y momentos después las puertas del camarín se abren espontánemnente. Transcurre algún tiempo; el fuego se extingue y el camarín se cierra. El hecho toma para los creyentes egipcios ó helenos todos los caracteres de un hecho sobrenatural. En el fondo, no es otra cosa que una aplicación ingeniosísima del calor como fuerza motriz. He aquí, en efecto, la explicación del misterio: El platillo del trípode no es macizo, sino que es una capacidad llena de aire, que por un tubo, disimulado en el trípode, baja á una esfera colocada bajo el piso del templo y llena de agua. En la esfera penetra asimismo la rama más larga de un sifón, cuya rama más corta cae dentro de una vasija ó marmita suspendida por una cuerda, que después de pasar por una polea se bifurca y se arrolla á los quicios prolongados de las dos puertas del camarín. Por medio de otras cuerdas y un contrapeso, las puertas se mantienen cerradas. Mas se enciende el fuego en el trípode; el aire se calienta y se dilata y empuja al agua de la esfera, haciéndola pasar por el sifón á la vasija ó marmita de que antes hablábamos. Cuando el peso de ésta es superior al del contrapeso, la vasija desciende y la cuerda bifurcada hace girar á los dos quicios y abre las puertas del camarín. Por el contrario, al apagarse el fuego, el aire del depósito se enfría, prepondera la presión de la atmósfera sobre el aire de la vasija ó, sin necesidad de esto, el sifón funciona por sí; la marmita se desagua, pesa menos, prepondera el contrapeso y las puertas del camarín se cierran. ¿Y qué es todo el mecanismo que acabamos de describir sino una máquina de aire caliente? ¿Y cuál es la fuerza motriz sino el fuego sagrado del trípode? Auméntese la escala del aparato; utilícese, no para abrir y cerrar unas puertas, sino para levantar un peso, y tendremos una verdadera máquina de fuego. Luego las máquinas de fuego, en realidad, son anteriores á Jesucristo, aunque fueron inútiles para la industria y para el trabajo humano, porque quedaron envueltas en el misterio y no recibieron el soplo fecundo de la libertad. Su inventor fué hombre de gran ingenio, á no dudarlo; pero le faltó ambiente, y la invención murió en germen. La erudición las ha sacado á luz rebuscando en un libro curiosísimo de Herón. J o s é ECHEGARAY