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en el cual se reflejen los afanes del economista defensor del librecambio ni sus grandes campañas oratorias de la Sociedad de Economía política, viene el retrato de Echegaray ministro de Fomento (15 de Julio de 1869) pintado por Domínguez. I a barba, ya más corta, humaniza un poco la acerada expresión del semblante anguloso; el bigote grande, tendido, como el de lííoret, su grande amigo y compañero de propaganda económica, revela ya la audacia de un pensamiento que crece y se ensancha de día en día. Radical diferencia hay, sin embargo, entre este retrato y el que pintó Sánchez Pescador para la galería de autores dramáticos del teatro Español, después de los g r a n d e s é x i t o s de En el puño de la espada, Cómo empieza y cómo acaba y O locura ó santidad. E l d r a m a- turgo tiene ya un rostro de líneas sintéticas, concisas, pero los ojos han perdido la tranquilidad, el dogmático reposo que revelaban en el retrato de ministro, y vuelven á llamear impacientes, trágicos, tras los mal sujetos cristales de los quevedos. La cabeza de Echegaray es ya entonces una cabeza de pura y rancia ca, sta española. vSus des- RETRATO D E ECHEGARAY, POR S- ALA. 1 8 9 4 No estaría completa esta galería si en ella faltase el retrato últiñio, de fotografía. Eacara lo dice, y en sus declaraciones de hoy lo confirma el propio Echegaraj- El estado actual de su espíritu e s bastante agradable. Qué de extraño tiene que haya quien le envidie? SOCIO DE MÉRITO DEL ATENEO. 1889 caecidos pómulos, su tiesa y valiente perilla le emparientan vagamente con la facies medio militar, medio eclesiástica de D. Pedro Calderón... Por entonces, Echegaray se dispone á continuar la obra del gran teólogo y dramaturgo, le imita en el simbolismo extraño que encarnan sus personajes, y también en la crueldad trágica, feroz, con que soluciona los conflictos, y en su entusiasmo por el añejo concepto delhonor conyugal como base y dato- clave de todo drama. Para sus amigos, como para sus enemigos, podrá no ser Echegaray nieto de Eope, mas de seguro es hijo de Calderón de la Barca. Gran diferencia hay entre este elocuente retrato y el que figura en la galería del Ateneo, hecho hacia 1889 por Rouzé. Aquí ya Echegaray es un señor ateneísta, el ameno y gracioso conversador de la cacharrería, el hombre afable y discreto para quien la humanidad es digna de benévola consideración en todas partes y á todas horas. Mejor se ve aún esto en el magnífico retrato que en 1894 pintó el maestro Emilio Sala. Este es el verdadero Echegaray de estos últimos tiempos, el qrie los jóvenes hemos conocido, sonriente, simpático, un poco frío, mundano, modesto en medio de su c eciente fama. ÜLT 1 Ü. I0 RETRATO. FOTOGRAFÍA