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ar coy ANO XV MABEID, 18 DE MAEZO DE 1906 NUM. 724 ajw. DIÁLOGOS CONYUGALES HABLANDO D E DON J O S É mí me gusta muellísimo i? g- ran galeoto. Su pensamiento no puede ser más real. -A mí me encanta En el seno de la muerte. Sobre todo, su último acto está lleno de grandeza. -Pues 3i o, admirando extraordinariamente á Echegaray, me he pasado con armas y bagajes al teatro de mi sobrino, ¿Cómo, general? -Sí, señorita; al teatro de mi sobrino. -Preguntaba el té. ¡Ah, ya! Perdóname, hija mía. Con muy poca azúcar y sin leche. Como el teatro de mi sobrino. ¿Pero qué teatro es ese, general? No sabíamos que usted tuviese ningún autor dramático en la familia. -Ni lo tengo, al menos que yo sepa. El teatro de que hablo es el que le gusta á mi sobrino Ángel, un muchacho que h a leído mucho, que piensa muy hondamente, y que todavía, á Jos veintidós años cumplidos, ¡pásmense ustedes! no ha tenido novia. ¿Como se podrá llegar á los veintidós años sin novia? I,o s chicos de hoy no empiezan de cadetes como nosotros, nada de eso; todos salen á la vida de comandantes de la- reserva. ¿Y á su sobrino de usted no le gustan los dramas de Echegaray? ¡Qué han de gustarle! Ni á mí tampoco. ¿Pues no decía usted que admiraba extraordi nanamente á D. José? ¡Ya lo creo que le admiro! pero me abstengo de sus dramas. Reconozco su poderosa inteligencia; le juzgo digno de toda clase de homenajes, pero no asisto á la representación de ningún drama suyo así me fusilen. Y ahí va la explicación. Yo he peleado en el Norte, y me porté en campaña cG no otro cualquiera, no digo mejor ni peor. Al entrar en fuego sentía, como todo el mundo, un poco seca la boca y algo tirantes los nervios; después, con el estruendo, con la animación, con el jaleo de dar y recibir órdenes, nada, recobraba completamente mi estado normal, y como si no hiciéramos fuego ni nos lo hicieran á nosotros. Me pegaron un balazo en esta pierna, y ni siquiera me enteré de él hasta que caí. Concluida la acción, veía sin inmutarme los estragos de la guerra: hospitales de sangre, casas incendiadas, mujeres despavoridas y llorosas... Claro que todo eso me producía cierta tristeza, pero nada más. Pues bi en; cuando veo, ó mejor dicho, cuando veía un drama