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V ¡Sí -v í í Wfefcv C R E P Ú S C U L O S SERRANOS ALA, amónos, que ya va á ser noche... -i7 m el anciano atravesó la hoz en el ceñidor de correa, ajusto al cráneo la montera, sujetanilOira ¿QIJ Qn amplio barboquejo, y ayudado de la mujeruca -anciana, igual que él anciano, -cargó al borrico unas brazadas de hierbas y ceporros. -i v n Ya iba á ser noche. Rojo el sol, desaparecía tras las montañas de Occidente; en el cielo azulmo notaban nubéculas algodonosas; sobre el pueblo, la luna desmayaba lánguida, y a sus pies el Vaquero temblaba, palpitaba obsequioso, galante, apasionado... 1 1 I os ancianos y el burro cruzaron el herbazal, salieron al camino. Cuadrillas de alegres labradores y zagalas marchaban delante. Despacio las siguieron el abuelo y la abuela; al verles, un labrador rezagado les preguntó: -Hola, tío Pepe, ¿cómo va ese cuerpo? ¿Y usted, señora Ignacia? -Talcualicamente; vamos tirando, -respondió tío Pepe. -Guapo, vivir tan bien, -murmuró despidiéndose el labrador. Y quedaron solos los viejos. El era un hombrecito. Ella le doblaba en carnes y tenía las mejillas coloradas, los ojos retozones, los cabellos aún negros y copiosos. Ella se llamaba señora Ignacia la Santa Ana, y tío Pepe del Cuarterón el. Trabajaban juntos varios campitos, v se querían mucho; pero ante las gentes fmgian gran desapego. Cuando tío Pepe observó que se hallaban sin testigos, enmelando la voz, rogo a i acica montase en el asno, v á tiempo de acomodarla entre las hierbas y los ceporros, lascivo el abuelo, acaricio la barbeta temblosa de la abuela. La abuela sonrió gachona... Había desaparecido el sol; cerraba la noche; de azulmo cambiábase el cielo en verde, coinenzaban á brillar algunas estrellas... A lo lejos, el camino se borraba esfumado. Cantaba un cuco, sonaba monotono el estridor de los grillos. Tío Pepe vareaba al jumento y decía; -Arrea, lucero, lucerillo de la tarde... Rey, bonico, capitán de mar y tierra... Después salmeó la tonada antigua: Estaban dos aldeanas pasó un turco por allí, pascandopor su aldea; se prendó de la pequeña... Y alocado, repentinamente corrió h a c í a l a señora Ignacia y la besó en las mejiUas. -jJujun, im niña! -gritó triunfador. Y tornó á varear despiadado al jumento. Flkm kba n ¿i mónVeei fÜeg laV mkj ¿dkV; ma á ü n a ¿ncendía Vus luces el caserío; croaban, á intervalos, las ranas del barrancal; cantaba un cuco; sonaba monótono el estridor de los grillos... F. GARCÍA SANCHIZ DI JUJO DE REGIDOR