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VERDADES Y MENTIRAS W Llamarse Williara Johnson Inglaterra es como 11 an arse aquí Manuel F e r nández ó José López. N o obstante, existe un WiHiam Johnjon que todos los días de fiesta se permite el lujo de gastar corona real á todo pasto; y no se vaya á creer que esa corona es de mentirijillas, sino que representa una autoridad verdadera, que William Johnson ejerce todo lo más del año en la pequeña isla de Bardsey, situada á la entrada del mar de Irlanda. Esta isla se halla separada de la costa del país de Gales, en Inglaterra, por un canal cuya corriente es JLLJAM JOHNSON REY Y PESCADOR petuosidad de la corriente, acordaron hace algunos siglos elegir entre ellos un rey, cuya autoridad se limita á i esolver las pequeñas disputas y pleitos que se ofrecen. Como esta autoridad es electiva y dependiente de los juzgados de Inglaterra, el rey de Bardsey tiene que portarse bien, pues si lo hace mal, en cuanto la corriente amaina pasan sus subditos á la otra orilla del canal y se quejan, ó simplemente destituyen al monarca y nombran o t r o P o r fortuna, William Johnson, que lleva ya más de treinta años sosteniendo la corona en sus sienes, se ha portado siempre bien, por pura grandeza de alma y bondad ingénita, puesto que el reino de Bardsey no tiene lista- civil. William Johnson, en cuanto se quita la corona se dedica á pescar como sus convecinos, y muchas veces le han visto descalzo de pie y pierna, sin que su majestad padeciese lo más mínimo. Actualmente, la isla toda es propiedad del barón de N e w b o r o u g h quien no sólo permite á William Johnson conservar ia corona, sino que le ha regalado una nueva de doublé con cada piedra falsa que tiembla el Océano. Sabido es que el ilustre dramaturgo noruego había anunciado hace tiempo su resolución de no escribir más para el teatro; pero la última campaña de Tolstoi contra la guerra ha excitado de tal manera los sentimientos patrióticos y belicosos del autor de Los espectros, que éste ha decidido escribir un drama para probar que la guerra es necesaria para mantener el vigor de la raza humana y para excitar en ella los nobles sentimientos del trabajo y de la emulación. i. í. i i. pida como peligrosa; como que forma una verdadera valla líquida, que separa por completo á la isla del resto del mundo habitado. Los pocos y bien avenidos habitantes de ella pertenecen á la antiquísima raza bretona, se creen y afirman ser descendientes de los primitivos druidas, y existe entre ellos la vieja leyenda atlántica de la ciudad sumergida en el l ondo de ios mares. La leyenda refiere que antaño, en tiempos muy lejanos, la isla de Bardsey formaba parte de un extenso y magnífico reino, en el que había dieciséis grandes ciudades. Y o d o el territorio estaba protegido contra las invasiones del Océano por un vasto sistema de diques, malecones y exclusas, cuyas llaves tenía un magnate llamado el guardián del mar. H u b o un rey b o nachón y filósofo que respondía a! poco eufónico nombre de G w y d n o y que nombró guardián del mar á un tal Seythenin, que era un borrachín del demonio. Un día que el buen Seythenin había empinado el codo aún más que de costumbre, el rey Gwydno le echó un sermón, y amoscado Seythenin soltó las llaves de Jos diques, y el país entero se hundió en lo más profundo de los mares. Acerca de este interesante y aguanoso asunto compusieron los bardos de la isla un difuso poema que aún se recita ailí y en todo el país de Gales. P e r o volviendo á William Johnson y á su reino, contemos el origen de éste. Abandonados los habitantes de la isla casi todo el año, á causa de la imH a r t o vulgares son las sillas X aparatos verdaderamente horribles, que sólo sirven para desconcertar á ¡as visitas en casa de ios señores muy cursis; pero, en cambio, es una novedad extraordinaria la cama con música, que una fábrica de C LA MA MIAC AC O N ÚS 5 B STEONL SCTOONl T R A París acaba de construir para uno de esos ricos maharajahs de la India, que no saben qué hacer de sus perlas y de sus millones. E s un lecho maravillosamente esculpido y adornado, construido de palo rosa, y debajo de! cual hay un pequeño meíodium que a! acostarse ejecuta unas sinfonías lánguidas y deliciosas mientras el interesado da vueltas, y cesa cuando se duerme. Alguien podrá creer que todo esto es música, pero á nosotros nos parece seguro.