Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
i sm y LA CANDELARIA y Ái NVIEUNO fora dicen en mi tierra, donde antes tenían inedia alma, ó un cuarto al nrenos, tra J B I ducida del portugués. Y lo dicen con aparente convicción, sabiendo de padres á hijos que en aquellas montañas, mal incluidas en la zona de Andalucía oficial, llegada la Candelaria V pasada esta fiesta, el invierno se queda dentro, detenido en los, encinares, en las cumbres pobladas de robles, en los hondos barrancos bordeados por las adelfas. No sé qué herencias caldeas ó más lejanas aún nos hacen meter el fuego en los cristianos ritos populares. En muchas fiestas solemnes y de general regocijo, brilla la fogata en las calles, en los campos, delante de los santuarios apartados, en el rellano de los caseríos campestres... A San Juan, á la Concepción, á la Candelaria, el fuego rodea de una aparatosa demostración de culto expresado con fogatas. En las plazas de esos pueblos es donde el interés de la fiesta se concentra. Suele haber en ellas algunos viejos árboles debajo de los que pasaron las generaciones en busca del bautismo y en busca del camposanto. Allí la grande hoguera resplandece, continuamente alimentada, y el torbellino de chispas bailadoras se desvanece más arriba de la copa sonora de los árboles. La fogata es luz y calor y alegría; en algunos pueblos saltan entre las llamas las mujeres, con evidente riesgo; la que salta mejor, con más gallardo empuje, ya es sabido, dentro del año se casa. Saltan muchas, ya lo creo. Alguna vez se decide una viuda, y tomando carrera salta en limpio, coreada por la poca caridad del vecindario. Hay en ese tumulto algo de rencor de las solteras. Estas valerosas viudas podrían decir cuando van por el aire, envueltas en el humo y en la llamarada, una frase admirable de San Pablo: Mejor es casarse que abrasarse; La candela llama á la expansión, al cántico, al baile, á todos los esfuerzos gratos de las almas jóvenes. Y el baile popular se inicia sin previo concierto, en libre confianza, en la plaza iluminada, en el rellano terrizo, bajo los árboles misteriosos que han visto pasar generaciones camino de l a iglesia y camino del cementerio. La ciencia no ha llevado á esas gentes la inquietud de sus aforismos. Nadie les ha dicho que la leña del bosque, el carbón de las minas, los soterrados fósiles, son rayos de sol almacenados por la Naturaleza previsora. Mas ellos presumen que en el calor, en la luz, en el resplandor y en la llama hay un venero inmenso de vida y energía, y llenan la obscura noche de sus festivales con las ráfagas amigas del sol almacenado ¿Vida y energía? No hay más que ver cómo en torno de la fogata popular búllela inquieta infancia, vibra la amorosa juventud, se templa en lejanos ensueños la vejez entristecida... Es amor y esperanza. Y sin penas durante aquel instante breve y lúcido, hasta se hacen la ilusión de que el invierno se va, de que todos ¿os inviernos se fueron con sus fríos y sus miserias, ahuyentados por la llama y el regocijo. ¡Ay míseros! No se fué; no se ya. Se queda dentro... En nosotros mismos. D I B U J O DE M É N D E Z BRINCA J o s é NOGALES