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D. a L. -Nada... Me está usted recordando á mi mejor amiga. D. GoNZ. ¡Es casualidad! Pasan einte años; vuelve él... D. a E S í que es peregrina casualidad. Ea Niña de Plata. D. a L. -No sé qué me da verlo á usted leer con tantos cristales... D. GONZ. -Ea Niña de Plata... Así le decían los huertanos y los D. GoNZ. ¿Pero es que tisted, por pescadores. ¿Querrá usted creer ventura, lee sin gafas? que la veo ahora mismo, como D. a L. ¡Claro! si la tuviera presente, en aqueD. GONZ. ¿A su edad? Me perlla ventana de las campanillas mito dudarlo. azules? ¿Se acuerda usted de D. a L. -Déme usted el libro. (Lo aquella ventana? toTJza de mano de D. Gonzalo, y Ice D. a E. -Me acuerdo. Era la de su cuarto. Me acuerdo. Pasan veinte años: vuelve él, y al verse, exclaman él y ella: D. GoNZ. -En ella se pasaba ho ¡Santo Dios! ¿y éste es aquél? ras enteras... En mis tiempos, ¡Dios mío! ¿y ésta es aquélla? digo. D. a E. (Suspirando) Y en los miOS (Le devuelve el. liiro. también. D. GoNZ. -Ea efecto: tiene usted D. GoNZ. -Era ideal, ideal... Blanuna vista envidiable. ca como la nieve... Eos cabellos D. a L. ¡Como que me sé los vermuy negros... Eos ojos muy nesos de memoria! gros y muy dulces... De su frenD. GoNZ. -Yo soy muy aficionado á los buenos versos... Mucho. Y hasta los compuse en mi mocedad. D. a L. ¿Buenos? D. GoNZ. -De todo había. Fui amigo de Espronceda, de Zorrilla, de Becquer... A Zorrilla lo conocí en América. D. a E. ¿Ha estado usted en América? D. GoNZ. -Varias veces. Ea primera vez fui de seis años. D. a E. ¿Eo llevaría á usted Colón en una carabela? D. GoNz. (Riéndose. -No tanto, no tanto... Viejo soy, pero no conocí á l o s Reyes Católicos... D. aE. -Je. je... D. GoíTz. -También fui gran amigo de éste: de Campoamor. En Valencia nos conocimos... Yo soy valenciano. D. a E. ¿Sí? D. GoNz. -Allí me crié; allí pasé mi primera jiiventud... ¿Conoce usted aquéllo? tí D. a E. -Si, señor. Cercana á Valencia, á dos ó tres leguas de D. Go. NzAi. o. (Esta mujer es Laura... ¡Qué cosas camino, había una finca que si hace Dios! aún existe se acordará de mí. te parecía que brotaba luz... Su Pasé en ella algunas temporacuerpo era fino, esbelto, de curdas. De esto hace muchos años; vas muy suaves... muchos. Estaba p r ó x i m a al mar, oculta entre naranjos y li ¡Qué formas de belleza soberana moneros... Ee decían... ¿cómo modela Dios en la escultura humanal le decían? Maricela. D. GONZ. ¡Maricela? Era un sueño, era un sueño... D. a E- -Maricela. ¿Ee suena á usted D. a E. ¡Si supieras que la tienes el nombre? al lado, ya verías lo que los D. GoNz. ¡Yalo creo! Como que sueños valen! Yo la quise de si yo no estoy trascordado- -con veras; muy de veras. Fué muy los años se va la cabeza, -allí desgraciada. Tuvo unos amores vivió la mujer más preciosa muy tristes. que nunca he visto. ¡Y ya he D. GONZ. -Muy tristes. (Se miran visto a l g u n a s en mi vida! de nuevo. Deje u s t e d deje usted... Su D. a E. ¿Usted lo sabe? nombre era Eaura. El apellido D. GoNz. -Sí. n o lo r e c u e r d o (Haciendo inemoD. a E. (jQué cosas hace Dios! Este ria. Eaura... E a u r a ¡Eaura hombre es aquél. Elorente! D. GoNZ. -Precisamente el enaD. a E. -Eaura Elorente... morado galán, si e s que nos D GoNZ. ¿Qué? (Se miran los dos referimos los d o s al m i s m o con atracción 7 nisieriosa. caso... en este tomo. (Busca las dolaras y Ice. Escuche usted ésta: D. a L. ¿Al del duelo? D. GoNZ. -Justo: al del duelo. El enamorado galán era... era un pariente mío, un muchacho de toda mi predilección. D. a E- -Ya, vamos, ya. Un pariente... A mí me contó ella en una de sus últimas cartas la historia de aquellos amores, verdaderamente románticos. D. GoNz. -Platónicos. No se hablaron nunca. D. a E. -El, su pariente de usted, pasaba todas las mañanas á caballo por la veredilla de los rosales, y arrojaba á la ventana un ramo de flores, que ella cogía. D. GoNZ. -Y luego, á la tarde, volvía á pasar el gallardo jinete, y recogía un ramo de flores que ella le echaba. ¿No es esto? D. a E. -Eso es. A ella querían casarla con un comerciante... un cualquiera, sin más títulos que el de enamorado. D. GoNz. -Y una noche que mi pariente rondaba la finca para oiría cantar, se presentó de improviso aquel hoiubre. D. a E. -Y le provocó. D. GoNz, -Y se enzarzaron. D. a E- -Y hubo desafío. D. GoNz. -Al amanecer: en la playa. Y allí se quedó malamente herido el provocador. Mi pariente tuvo que esconderse primero, y luego que huir. D. a E. -Conoce usted al dedillo la historia. D. GoNz. -Y usted también. D. a E. -Ya le he dicho á usted que ella me la contó. D. GoNz. -Y mi pariente á mí... (Estamujer es Eaura... ¡Qué cosas hace Dios! D. a E. (No sospecha quién soy: ¿para qué decírselo? Que conserve aquella ilusión... D. GoNz. (No presume que habla con el galán... ¿Qué ha de presumirlo? CaMsLXé. (Pazesa. D. a E. ¿Y fué usted, acaso, quien le aconsejó á su pariente que no volviera á pensar en Eáura? ¡Anda con esa! D. GoNz. ¿Yo? ¡Pero si mi pariente no la olvidó un segundo! D. a E P u e s ¿cómo se explica su conducta? D. GoNz. ¿Usted sabe? Mire usted, señora: el muchacho se refugió primero en mi casa- -temeroso de las consecuencias del duelo con aquel hombre, muy querido allá; -luego se trasladó á Sevilla; después vino á Madrid. Ee escribió á. E ura ¡qué sé yo el número de cartas! a l g u n a s en verso, me consta... Pero sin duda las debieron de interceptar los padres de ella, porque Eaura no contestó... Gonzalo, entonces, desesperado, desengañado, se incorporó al ejército de África, y allí, en una trinchera, encontró la muerte, abrazado á la ban-