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(jqr o LUSTRADA ANO X V M A D B I D 25 DE F E B R E R O DE 1905 NÚM, 721 DIÁLOGOS Estos, l abio, 1 oh dolor I CONYUGALES sobre el que en tiempo cercano se aglomerarán las sacas de la correspondencia postal que nos ponga en comunicación con todas las provincias españolas y con las naciones extranjeras, y palpitará el telégrafo trayéndonos las nuevas del mundo entero. Entre aquellos árboles ya desaparecidos se cruzaron las primeras palabras de amor de muchos que hoy están casados y aun camino del divorcio. Por la arenosa y célebre pista ya borrada circularon en pintoresco maridaje señoras aristocráticas y señoras de la clase media, luciendo sus galas estivales; señoras honradas, y otras que no lo eran tanto; muchachas recién puestas de largo que miraban todavía á los hombres con ojos de pájaro bobo, y otras ya curtidas en empresas amorosas, que adivinaban una carta de declaración en el bolsillo interior de cualquier levita en estado de merecer, y alargaban la mano para recogerla antes de que el presunto novio llevara la suya ¡Unos árboles tan hermosos, sitio m jios mío, qviéunlástima! tan agradable para bracios que estábamos todcs los madrileños á nuestros Jardines, y mira: ya han desaparecido! x hora levantarán ahí un edificio para Correos magnifico tal vez, pero tan inexpresivo y bobalicón como todos los edificios oficiales, y las cartas continuarán perdiéndose como antes. Te digo que me da muchísima pena. -Y es justo que eso te ocurra. Nadie que haya vivido de treinta años á la fecha en Madrid podrá pasar delante de los que fueron Jardines del Buen Retiro sin dirigir á su tierra removida, á sus campos de soledad, la mirada melancólica que el poeta dirigió á las ruinas de Itálica. Todos los madrileños dejan algo de su vida enterrado en ese solar,