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ARA España, Kri cia é Inglaterra, de eterna actualidad resulta esta enigmática figura, tiltinio resto de ima grande y fiera raza ya agotada y empobrecida por el transcurso de los siglos. ¿Qué hace, qué piensaliacer el sultán de Marruecos? Las cancille j rías europeas fijan sus ojos curiosos en él, y el mutuo miedo que las naciones civilizadas se profesan sostiene al Sultán en su trono vacilante, casi ilusorio, donde su tradicional poder se tambalea á los embates de los pretendientes y sediciosos, que hoy poseen lo más del territorio marroquí. El Stiltán vive habituahneute en su alacio de Fez. Con toda propiedad, no puede afirmarse que aquello sea un palacio. Más bien es una ciudad inmensa, cuyas enormes plazas son patios y cuyas larguísimas calles son galenas y pasillos. El patio principal, adonde caen las ventanas del dormitorio de S. M. algunas del comedor y la galería que comunica éste con el Serrallo, es una plaza en la que podrían evolucionar regimientos de caballería. El suelo eatá acotado y dividido por hiladas de tejas que marcan los KL I U I N J -J T K U Di i- A t J L I E k K A sitios por donde tienen que pasar la coJUGANDO A L L A W N T E N N I S mitiva sultánica, los extranjeros y los visitantes y los soldados. El Sultán rara vez sale á este patio, donde suele recibir á las misiones diplomáticas, él á caballo, los embajadores ó ministros de pie, y siempre allí, al aire libre, bajo el cielo turquí de Marruecos. Cuando sale de sus habitaciones, dos hileras de funcionarios viejos, de blanquísimas y luengas barbas, le preceden. Saltando y haciendo cabriolas delante de la cabalgadura imperial y lanzando gritos semisalvajes, cuarenta ó cincuenta esclavillos negros se desplieg- an en ala antes de llegar adonde están los visitantes. Una nuisica de instrumentos europeos, pero cuyos ejecutantes son del más puro color del betún, dispara, como en u n bombardeo, las notas más discordes, formando una armonía capaz de estremecer á Wagner en su tumba. El Sultán es un noble 3 hermoso tipo, de correctas y clásicas íacciores, en que hay más de griego que de seiuítico. Su traje, todo él de lana fina ó de muselina riquísima, es de una blancura deslumbradora. I, a expresión de su rostro e? profundamente melancólica y suave, de una delicadeza casi femenina. En sus grandes ojos soñadores se refleja un inmenso hastío, un cansancio secular. P o r sus labios vaga la sonrisa P A T I O P R I N C I P A L D E L PALACIO D E EEZ, 1. COMEDOR. DORMITORIO OEI s U t T a N- i lrR 70III TA DFT. p 4 T. Ar. TO i 1- i de los príncipes decadentes en quienes se extingue una gran casta. Como postrero descendiente legítimo del Profeta, pues ya se sabe que el sultán de Turquía desciende de una familia de usurpadores, y no hay más Aniir Almuminín ó Príncipe de los Creyentes sino el de Marruecos, cuida en extremo lo que los franceses llaman la belleza del ge. sto, y no se verá en él ninguna actitud que ño esté llena de majestad y de reposo. Es un hombre superior á los demás é independiente de ellos. Orgulloso 3- magnífico, sabrá, si el caso lo requiere, caer con la dignidad de un gran monarca de los más antiguos de la tierra. Sin hallarse dominado por la intransigencia de su padre ni por la feroz inquina de sus predecesores contra los cristianos, el Siiltán sabe elegir sus amistades y sus consejeros. El kaid Maclean, escocés habilísimo y de gran prestigio militar, un poco ajado en los itltimos lances de la lucha con el insurrecto el Roguí, ha sido mucho tiempo su ministro de la Guerra, y sigue siendo su amigo íntimo. Maclean vive en el palacio de Fez, comunica á diario EL ESCLAVO FAVORl i i con el Sultán y cuenta con toda su conDEL SULTÁN fianza. ¿Porqué no hemos de creer que es el Sultán hombre de muy complicada y dificultosa psicología? No cabe dudar que sería una gran falta de cordura querer juzgar sus ideas y adivinar sus intenciones cual SI se tratase de un político europeo como los que á diario tratamos. El monarca marroquí, según se ha dicho, es alguien di. stinto de nosotros y á quien no se puede juzgar como si se tratara de un político ó un gobernante europeo. No tiene él, contra todas las codicias que cercan su imperio, otra defensa sino su perspicacia natural. Es un hombre ignorante que ha formado una noción fantástica de todos los demás re inos e imperios de la tierra. Nadie le h a enseñado Geografía, Derecho, ni ciencia alguna de las que, según parece, sirven ó se usan para reinar y gobernar. Todos los cortesanos y los diplomáticos y agentes, mejor ó peor disfrazados con postizos albornoces y teatrales alquiceles, que le rodean á todas horas, puestos están allí por las grandes potencias europeas para cuidar de sus respectivos intereses, contrarios, sin duda, á los del Sultán, Desús propios subditos no recibe á diario ni puede esperar mas que rebeldías é inobediencias. Y sin embargo, este hombre blanco e. ignorante se defiende. No se le puede pedir más. -í x íi j KL SULTÁN CONVEKSANDO CON FX KATD rACLEAN y OTROS PERSONAJES EN SU PALACIO ÚLTIMO RETRATO S. M. XERIFIANA EL KAID MACLEAN Y SU PERRO FAVORITO Fots. Underwood Untlerwood