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Ahora, sujeto por el amor a su nueva y lindísima habitación, D. José no pasa tan largo rato en el Ateneo y ya algiina; s tardes falta de la tertulia, y sus buenos amigos le esperan en vano. Podría creer quien no le conociera que esa casita blanca la había construido el gran dramaturgo para reposar tras tantos años de kiclia fatigosa, capaz de abatir ó de cansar á hombres de la más templada fibra. Nada menos cierto, siu embargo. T) José dice como el héroe del Romancero: Mis arreos son las armas, mi descanso el pelear; y si se ha hecho una casa nueva, clara y alegre, y si cultiva su jardín como aconsejaba su maestro el gran optimista Pangloss, no lo hizo ni lo hace para suspender ó abrir treguas en su labor de siempre. Su ánimo no decae, su corazón está joven, su cerebro fresco y vibrante como hace treinta años. Ño necesita excitaciones a j e n a s para proseguir trabajando con la misma fe y con idéntico optimismo que en su primera juventud. D. José es un meridional por su amor al sol, un septentrional por su actividad infatigable. El horno que en su interior arde está siempre en actividad: tanto que, teniendo tanto calor por dentro, no le queda nada por fuera, y á pesar de. hallai se bañado de sol su cuarto de trabajo y de tener en él una calefacción perfecta, escribe envuelto en un capote ó en un gabán de pieles, y aún se queja de frío. DON RUPERTO 1, D JOSÉ PLANEANDO UN DRAMA. 2 D JOSÉ ESCRIBIENDO UN ARTICULO Fots. Muiioz de Baena