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X J M A JLI XZLA. E Ü S X BANDOXANDO SUS triunfos mundanos del vaudeville, Berta Bady ha querido, en estos días de inquietud infinita y de infinita piedad, encarnar en un teatro popular, ante la masa palpitante, el alma de la Maslowa. -Vosotros- -parece querer decirnos, -vosotros los que oís hablar de la miseria rusa; vosotros, los que conocéis de oídas la piedad rusa; vosotros, los que habéis leído libros sobre la crueldad rusa, venid y ved. ¡Yo so el alma rusa que stifre! Bn ella, en efecto, la visión de todos los misterios sentimentales del gran Imperio moscovita, v i v e n la más intensa vida. Esos ojos claros, algo extraviados y tan ojerosos y tan tristes, han visto el fondo del infierno humano. Han visto el crimen y han visto el vicio. Han visto el hambre que aulla cual un lobo salvaje. Han visto la feroci dad. ¡Y esos labios! E s o s p o b r e s labios que se crispan, han bebido en t o d a s las copas de pecado, de amargura, de oprobio. Aun lo más santo ha sido para ellos de hiél: el beso, la plegaria. En cambio, lo más espantoso, la blasfemia, la maldición, el insulto, parece suavizarse en ellos; de tal modo, se comprende que es una cosa natural. ¡La Maslowa! Desde EKRTWE BADY EN FX acjuí la veo tal cual me apareció éntrelas páginas deToLstoi. Es la misma que Berta Bady encarna. Paliducha, inconsciente, sin salud moral, sin energía física, se entrega, pasiva y medrosa, al príncipe Nekludoff. Luego, cuando el gran señor la abandona; cuando todos sus ensueños vagos de amor eterno y de tranquilidad sin fin se derrumban; cuando el mundo, antes lleno de luz, de calor, de ruido, sé v a c í a d e pronto; cuando la mano amiga se aleja; cuando 3- a no queda nada, ella, la pobre Margarita del arroyo, apenas comprende su propio dolor. Lo único que sabe, es que sufre. Pero por qué sufre, por quién sufre, no, no lo saíje. Confusamente, eñ el fondo de su ser, algo pide olvido, consuelo. ¿Y dónde buscar todo eso sino en el fondo de las botellas misericordiosas? ¿Dónde hacer callar las voces ocultas de la pena sino entre el barullo de la orgía? ¿Dónde impedir el reflejo del recuerdo obsesionante sino entre las luces cegadoras? Y allá va la Maslowa por el camino de la vida dando tumbos; allá va, lívida, cantando canciones de vicio. Las etapas se precipi- tan. Cada día se acerca más al final. Y el final en esas vidas es terrible. La Maslowa, acusada injustamente de u n crimen, comparece ante üii tribunal. Uno de Ips jurados es elpríncipe que la sedujo, y que al verla tan miserable experimenta el remordimiento m á s hondo, comprendiendo que todo aquello es o b r a s u y a Pero ¿cómo reparar el mal? Los ojos de la infeliz dicen t a n t a s pena tantos dolores y tanta inocencia en medio de tanta abyección, que el noble señor se d e c i d e La hará su mujer; irá con ella á Siberia. La cárcel; el convoy que camina hacia la tierra helada bajo el látigo de los pastores sanguinarios; la fatiga, el hambre... por todo pasa la Maslowa PAPEL DE MASLOWA SÍU p r 6 g U U t a r S 6 S Í- quiera por qué. Ella es inocente. Ella lo sabe. Lo dice y no la creen, y la parece muy natural que no la crean, puesto que es una pobre mujer. Y va cabizbaja, con los pies descalzos, mirando siempre hacia el suelo; va por su calvario, llevando en las manos un ramillete de mustias flores; va con su traje blanco, aún cubierto de encajes que fueron nuevos; va pálida, bella todavía, miserablemente bella, con ojos de visionaria, con labios de espanto; va, ¡la pobre! ¡Y sin saberlo, prepara el porvenir inspirando la infinita piedad, sugiriendo las supremas venganzas! K GÓMEZ CARRILLO Pnn s, Febrero ic 0