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SUZAKLKK r) K 3 FJ 5- É) S más ligero aleteo de párpados, con la más téniíe crispación de manos, con la más imperceptible sonrisa. Susarig. Després lo sabe. Es la sobriedad misma. Jamás grita. Nunca gesticula. Con una entonación apenas más fuerte que las otras, pero honda, nmy honda, hace sentir el paroxismo pasional y sus ademanes no necesitan sino crecer un punto para indicar el supremo dolor ó el amor supremo. Hay, entre sus creaciones, una que es obra maestra: la Manoune de, la co media de Marní. Durante los tres actos apenas, p r o n u n c i a cien palabras, pero con sus miradas, cor sus actitudes llena el espacio. No es nada, casi no. es nadie. Es la nodriza que ve crecer á Genoveva. Es la maternidad vigilante. Y va, y viene, y- pasa siempre silenciosa, mientras á su derredor todos hablan. Y ella que calla, es la que más cruelmente lo siente todo. Y cuando al final surge de la sombra y dice á l á n i ñ a loca que quiere huir: ¡Detente, yo soy tu m a d r e! ese solo grito hace palpitar al d e l PcqiLcño Eyolf y p. úblico más que los Nora la dolorosa de rugidos de Mounet Casa de namccas; ha siSuUy y que los sodo la alucinada Ranllozos de Sarah Bertendelein de ¡a Ca 7ii nhardt. pana hmiáida, la Sol Susana Després! wey de Peer Gynt, la Yo la conocí hace Primrada de Saktmdiez años, cuando, ieila. Y ahora, después pobre y sin esperande haber encarnado zas, venía todas las almas del norte brutardes de su lejana mosas é i n t e n s a s bohardilla al Montdespués de haber simartre ¡ruidoso. ¿Qué do la pálida visionabuscaba en los cafés ria de ojos azules, artísticos? Siempre vuelve hacia el mepálida, siempre sond i o d í a- y encarna, riente, siempre coante el público entullada, parecía vivir siasmado, la belleza en un ensueño. Pero ardiente y pura de no era un ensueño la mujer italiana. triunfante, no. Sus Esta Silvia de la ojos color de violeta Gioconda de Gabrielle tenían una modestia MLLE. SUSANA DESPRÉS, QUE PRO NTO REPRESENTARÁ EN MADRID d Annúnzio, en efecinvencible. No era LA G I O C O N D A J DE D ANNUNZIÓ to es, más que una ni siquiera coqueta. mujer, un símbolo. Se peinaba como un i. a ternura tenaz, la bondad fogosa, la lealtad alti- hombre y se vestía cual una institutriz. Y cuando va, la melancolía voluptuosa, todas las virtudes alguien, en el barullo, le decía. de Ja toscana de ojos negros, están reunidos en- -Susana, Susana, ¿por qué estás triste? ella. Ella es la que, enamorada, llora de amor; la Ella, ruborizándose, respondía: que sufre en silencio; la que espei a y ora y tiem- -No; si no estoy triste, estoy alegre. bla. En sus actitudes nada ha 3 de teatral. Sus Y tratando de reír, hacía una mueca melancólica. gestos son menudosy su calvario no es luminoso. E. GÓMEZ CARRILLO Por eso, para representar el papel se necesita ser artista hasta el fondo y saber emocionar con e! París, Enero JCiO IjiGE un periódico; Sus. triuufos. no pueden compararse sino con los de Sarah. Bernliardt á los veinte añoS; Y otro. periódicü dice: Es- una inventora de emociones, es una, emperatriz, de la sencillez. Pero yo prefiero rio recordar sino el parcpelog- io de un tercer periódico, que sólo dice: Es la más cosmopolita de nuestras estrellas. Lo prefiero, porque en el teatro francés e. s más frecuente encontrar una actriz genial C ue una actriz- hospitalaria. Todas son nacionalistas. El. mundo, para ellas, principia en Corneille y acaba en Maurice Donnay. Fuera de la patria, ven grandes ciudades en las cuales se obtienen ruidosos triunfos y se ganan pingües di- ñeros. Pero autores, comedias, arte, ¡janVás! Xas niás doctas: saben de Ibsen, conocen á d Annúnzio, han oído, hablar de Tolstoi. Sólo que- -ase. sí tu- ari poniendo una cara muy seria- -sólo que (ífíJ no es teatro para representarse, sino para leerse. S u s a n a Després, sin embargo, lo ha representado. Ha sido Asta, la bella Asta