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de en el estógamo, que se comió la torta; pero apenas hubo acabado de tragarla, cuando los demonios se le repartieron en el cuerpo, y empezó á echar humo por las narices y por la boca y á torcer los ojos y á dar unos gritos tan feroces, que la muía, espantada, derribó los costales y echó á correr por los campos sin poderse contener. Por fin, arrastrando y como pudo, se volvió Antonio á su molino, cuando vido que por una ventana se descolgaba un fraile con unas barbas que daba espanto mirarlas. Entró todo asustao en su casa, y busca por aquí, busca por allí, mas que no encontró á su mujer. Pues señor, empieza á sentir un ruido como si arrastrasen cadenas, y un rumor de cerrojos y un caer de peñascos sobre el techo quebrantado, que parecía que Dios le llamaba ajuicio. ¡Ay! se íne olvidaba decir que la rueda del molino andaba sola, sin que la hubiese tocao naide, y que el trigo se puso todo negro como si lo hubiesen desaumao con azufre. El pobretico Antonio, sin saber lo que hacía, echa á correr río abajo y llega á la Charca de la perdiz; se sienta en una piedra á descansar cuando cátate que sale del agua un monigote muy feo con un gorro colorado en la cabeza, y después de aquél sale otro, y después otro, hasta doce monos, todos con gorro de color; luego que los vido se puso á tiritar como un azogue; pero ellos, sin hacerle daño alguno se pusieron á bailar un baile muy extraño, haciéndoles el son desde las nubes, no se sabe quién, con panderetas; dempués se apareció en las nubes la misma niujer de la torta; es de advertir que esta hechicera, como todas las personas que aprenden la magia negra, se mudaba la fisonomía del rostro cuando se le antojaba y así es que el molinero no la conoció; traía un candil eriVjlai mano derecha y una navaja en la izquierda; tiró el candil por los aires y en seguida se convirtió en un cuervo muy grande que tenía las alas blanca; que comenzó á revolotear; entonces la bruja cogió al probé Antonio de un brazo, y montándole á caballo encima del cuervo, le dijo: Tente firme y no tirites, que en dos horas te voy á llevar á Constantinopla para que veas á tu mujer. Y como si fuera un relámpago, echaron á volarlos dos y otavía no se ha güelto á saber lo que se ha hecho del pobretico. -Y la molinera, ¿qué se hizo después de ese aconteció tan prodigioso? -La molinera anduvo rodando, hasta que se acomodó á servir en casa del picarón que la solecitó de la hechicera, y fué la perdición de su marío, y malas lenguas dicen... pero dejemos de mormuraciones, porque á cada uno su alma en su palma. Y desde el día en que Antonio se fué por los aires caballero en el cuervo, naide se atrevió á acercarse al molino ni á pescar en la charca, porque se sentía un ruido que daba pavor, así como si arrastraran cadenas por el suelo y dieran aldabonazos en las puertas; á más de esto, todas las noches, á la misma hora, se veía asomar un candil en la ventana que cae á la acequia y se oían unos gemidos como los que dan las almas en pena, por lo cual dieron las gentes en decir que aquel molino era del duende; y habiendo ido el señor cura y la señora justicia con el guisopo y los Santos Evangelios á echarle de allí, tuvieron que volverse atrás, porque no pudieron resistir el fetor del azufre que había alrededor de la casa, y porque vieron salir, por la mesma ventana donde estaba el candil un Jirazo largo y flaco envuelto en una manga de fraile. LEM. v: URBI E T ORBI DIBUJOS DE MÉNDEZ BEINGA. (NÚMERO 4 1 DE NUESTRO CONCURSO DE CUENTOS FANTÁSTICOS