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ITT -l ii JiJf 0 t fc j- í s L CAOLIRl CIIA ¿jjMoRQUiv habláis de saber que el que no cree en brujas no cree en ná; que hay gentes tan turcas, que dicen que esas son fantasías de viejas 5 acontecíos (jue se cuentan pa dormir cliiquillos; pero es que no lian visto lo que estos ojos C ue se han de comer la tierra. Así hablaba la tía Caqiüruchn, sentada á la puerta de su humilde figón, á un grupo de pobres niños que, buscando un abrigo á los ardores del sol, se guarecían á la sombra de la techumbre de su casucha. -Pues como os iba diciendo, sabed de tan cierto que liaj brujas como qtie nos habemos de morir, que aprenden sus malas artes del demonio ó quien quiera que sea- -que esto no está averiguao, y hacen mal de ojo á las criaturas y se llevan por los aires á los grandes cuando se les antoja, y arman danzas y orquestas en las nubes cirando se muere un usurero. También hay saludadores, aunque ya van de capa caída, desde cj ue ahorcaron dos en una semana. ¿Y los saludadores matan? -preguntó un chiquillo. -No, hijo mío- -continuó la vieja, -porque no son méieos de profesión. Los saludadores, para que lo entiendas, son unos hombres que se pasan una barra ardiendo por la lengua no se ciuenian; ue sacan tan frescos una moneda de un caldero de aceite hirviendo sm calentarse siquiera las manos, y que pisan con los pies descalzos sobre las ascuas como tú andas sobre una parva de trigo. Yo sé de cs os saludadores 3 de las brujas muchas historias. ¡Ay! cuéntelas usted, -gritaron todos los chicos. -Co ntaré una. Pues señor, habéis de saber que hará como cosa de cien años, día más ó ráenos, que el abuelo del señor Paco, el herrador del lugar, tenía tratos y contratos con el tío Antonio, el molinero, y este tío Antonio tenía una mujer muy arrogantona y bien parecía, que se llamaba Juana; habéis de saber tandsién que por este tiempo había en el pueblo una bruja muy ladina, la cual traía encizañados á muchos matrimonios, se escapaba de noche por la chimenea dando aullidos como una loba, y hacía cosas tan fuera del aquel que es natural, que toíeo el lugar estaba metido en un puño, y los señores de justicia, cuando pasaban por delante de la bribona, se quitaban la montera de puro miedo y asuros que les daba su hechicería. Pues señor, como i b Mciendo, el abuelo del señor Paco, que era hombre de malas mañas y andaba siempre hecho uu perdió, sin encomendarse á Dios ni al diablo, se metió un día de ronda en casa de la bruja y la pidió que hiciese de manera que le diese el tío Antonio su molino, y que la Juana le quisiese á él y no quisiese á su marío. Habíais de ver al í cómo la bruja escomenzó á hacer redondeles en el suelo con una vara de junco, diciendo muchas oraciones en latín y no sé cuántas palabrotas, y cómo dio una patada en un ladrillo, y el ladrillo se levantó y salió un bote de hojalata, y del bote de hojalata salió un monigote muy feo, con unos bigotazos... Pues señor, vamos á lo principal, que es el pobre molinero, el cual saliendo una noche para el pueblo con una carga, al llegar muy cerca de la huerta vio una mujer sentada en una piedra que le pidió de limosna un poco de harina para hacer una torta. Ivl, que tenía muy güeñas entrañas y hacía muchas caridades, más que se la dio sin pensar en tal cosa y siguió su camino. Vamos á que cuando venía de vuelta, se topa á la niesma mujer que, encarándose con él le dice: Come, Antonio- -y le da un cacho de torta, -que tendrás neeesiá y haces falta en el molino, que tu mujer está con un fraile. Ivntonces el probé mozo echó á andar y sintió un desfalleciniiento tan gran-