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¡Cómo! ¿tú crees que las sigue el chimpancé? ¡Vaj a una conquista! -No, mujer; es que se han vuelto á leer el anuncio de o? TM fijado éu aquella valla. Pero no desprecies de ese niodo á Cónsul; es un sujeto altamente simpático... ¡Con qué seriedad hace de hombre! Siente su papel como no suelen sentir los suj- os muchos de nuestros primeros actores. Tal vez el mayor defecto que tenga sea ese. Se cree tan hombre, que mira al público que le contempla y aplaude como á un público de monos. Naturalmente, los espectadores padecen en su dignidad, y aplauden á Cónstd tibiamente, no con toda aquella efusión y aquel calor que su trabajo merecía. Le aplauden, en suma, como se aplaude á los superhombres, con ciertas reservas nacidas de la envidia, esa innoble pasión que tantas luchas origina en las jaulas de monos. -Mira qué telas tan preciosas hay en este escaparate. Como aquélla necesitaba yo para un traje que tengo en el pensamiento. -Si lo conservaras siempre ahí, me parecería muy barata la factura. -Pero yo la preferiría de un tono rosa. ¿Quieres que entremos á preguntar si tienen la misma tela en ese tono? -No, no; líbram. e de sufrir las preguntas y respuestas entre una señora que va á ver si compra, y varios mancebos de pelo naturalmente rizado que se empeñan en vender á todo trance. Esos pugilatos nre horripilan. ¿Pues y cuando comienzan á caer cortes de vestidos sobre el mostrador y alabanzas de los mismos por los encargados de su venta? ¿Y el ancho, la discusión sobre el ancho? ¿Y el precio, el debate sobre el precio? No, no; está una mañana muy hermosa para echarla á mancebos de pelo rizado. -Como quieras. Sin duda te entretiene más Cónszd. -Por lo menos, no vende telas. -Pues á mí me parece mu poco razonable lo que dijiste. Si el público no le aplaude con gran entusiasmo, será por otra causa, no porque Cónsul parezca en realidad más hombre que los que le miran. Si supiera fingirse perfecta y absolutamente un hombre, los espectadores admirados no cesai ían de aplaudirle. Ya ves las ovaciones que prodigan en Lara al coupletista de los Trombetta. -Naturalmente; como que ese es un hombre que imita de modo perfecto á los animales. El maullar como los gatos, el ladrar como los perros y aun el rebuznar como los burros, siempre fué para nosotros arte lleno de delicias y merecedor de frenéticos aplausos. Al hombre que copia la animalidad hasta confundirse con ella, ovacióneos sin tasa; al mono que pretende y logra ser hon; ibre, aplausos tibios y de compromiso. Y para que veas cuan exacto es lo que digo, fíjate en que D I B U J O S DE M E X D E Z BRINCA. jamás se te ha ocurrido exclamar en son de alabanza viendo á un cuadrumano: ¡qué mono tan niño! y en cambio, á cada momento dices: ¡qué niño tan mono! y su madre te lo agradece con toda el alma. -Bueno, tendrás razón; supongamos que tienes razón; ¿y tú crees que CO KJZÍ hubiera tenido inconveniente en entrar conmigo á la tienda para preguntar y saber en menos de un minuto si tienen la inisma tela del escaparate en tono rosa? -Vaya, vaya, entremos de una vez; ese minuto que tú dices me amargaría la existencia durante un año si no accediese á tu deseo. Resignémonos á las prolijas y empeñadas discusiones de las Cortes... de vestidos. ¡Calla! por ahí pasa Villaverde en un coche y á todo escape. ¿Habrá crisis otra vez? -No te aseguraría que no. Ea primavera médica comienza muchísimo antes que la primavera oficial, y este año han coincidido los Ministerios y los granos. Tenemos Gabinetes- erupciones y Ministros- diviesos, cosas ligeras más molestas que graves y que, según parece, sirven para depurar la sangre de sus nialos humores. De fijo que si en Rusia hubiesen cambiado tanto como aquí de Gobiernos, la sangre slava, libre y exenta de todo vicio revolucionario, no hubiera tenido que caer sobre el pavimento de la perspectiva Nowskj El mudar á cada instante de Gabinete produce indudablemente en el cuerpo social los mismos saludables efectos que en el cuerpo huinano cierta clase de aguas minerales, depurativas y reconstituyentes. Un gobernante nuestro es una botella de esas que se empieza. Tal vez Villaverde vaya ya á entregar el casco. Entremos en la tienda de telas. -No, mira, lo he pensado mejor. Consultaré previamente con la modista y vendré después de haber hablado con ella. -Como quieras, pero yo estaba dispuesto á ser Cónstd esta mañana con toda la galantería de un chimpancé. Es muy posible que otra me encuentres convertido en hombre ¡perdone por Dios, hermano; no llevo suelto! me encuentres convertido en hombre (acabo de decir, hermanita, que no llevo suelto) y no entre en la tienda ni á tres tirones. -Mucho lo sentiré (ni j- o tampoco llevo centimitos, niño) y por si puedo contener tu regresión hombruna, iremos todas las noches ¡Dios le socorra, hermano! al teatro de la Zarzuela. (Otro día será, nina. -Quedamos en eso; y ahora, huyamos. ¿Por qué? -Porque vienen más pobres. Ellos también callejean. ¡Cuando yo te digo que por las mañanas se lanza a l a calle el consabido todo Madrid! Aprisa, aprisa... JOSÉ DE R O U R E