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arico; REVISTA AÑO XV ILUSTRADA 1905 MADRID, i DE FEBEEHO DE NUM. 718 3 í DIÁLOGOS ESÚs! ¡la g- ente conocida que nos vamos encontrando en poco tiempo! No hay conio salir por la mañana para ver á todo Madrid. -Es verdad, el callejeo matutino se impone como una necesidad madrileña. Con el pretexto de las tiendas, las señoras, bien solas ó bien acompañadas, se lanzan por las calles céntricas y no son únicamente tiendas lo que ven. Para las muchachas, sobre todo, este callejeo de once de la mañana á una de la tarde está lleno de encantos y de novios. Estos saben á ciencia cierta por dónde pasarán á las once y media en punto sus respectivos adorados tormentos, y des ie la Puerta del CONYUGALES Sol á lo largo de la Carrera de San Jerónimo y de la calle de Alcalá, por las de Sevilla y la del Príncipe, hay una de poner y tomar varas, que ni que estuviéramos en el tentadero de una dehesa. Mira, allí van las tres de Alfónsez, las que se han quedado sin billetes de favor para los teatros; pero ¡anda! que bien se desquitan con este callejeo matinal. Las tres han vuelto al mismo tiempo la cabeza. ¿Serán capaces esas chicas de haber hallado tres individuos madrugadores que las sigan? ¡Pero si no va nadie detrás! ¡Ah! entonces han vuelto la cabeza por Cónsul. ¿Qué Cónsul? -El chimpancé que trabaja en la Za. rznéía. E l DUI, CE CALLEJEO