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Su nombre melodioso y dulas fué rá Jlngélko; su vida fué tan suaoe aomo una bendición, aoino un fulgor de luna, oomo un repique aéliao de argentinas campanas en una procesión. Su üísperas alegres y en plácidos maiiines, á su retiro humilde, ekusfral y florecido, bajaban ios ligeros, alados querubines, para cegar sus ojos, para aturdir su oído. Zddo era en aquel ualle encanto y armonía; los santos mensajeros acallaban su vuelo, y el batir de sus alas, fugaz, se desleía en el azul sereno y nítido del alelo. f 63 S Ut. í kí St monasterio estaba a orillas de una fuente; en ¡as horas de asueto, ouando era primaoera, los monjes escuchaban su murmurar doliente, que en el claustral silencio la sola nota era. jlllí recibió Jlngéliao la inspiración, el alma de sus figuras candidas de bienaventurado; allí pintó sus cuadros en religiosa calma, en adoración muda, feliz y arrodillado. Mecido al son de arpada melodía oelesie, en éxtasis, cadencias de liras le arrullaban, y en sus sueños veía que, rasgando la veste azul del alelo puro, los ángeles bajaban. Pi íT -í 2: iv- TS 5- J -T 55 CD iBi. T) P V H aJ 4 m- Sejábanle un reflejo de luz suprasensible, Imágenes pintadas con el color del cielo, y un aroma de Incienso en iglesia apacible, que da la paz al alma y al corazón consuelo. V ¡íasísus lienzos tienen la albura inoomparable de algunas refulgentes dalmáticas pascuales, y el esplendor litúrgico, fastuoso é inefable, de algunos tabernáculos de algunas oatedrales. ...Gn la quietud del valle callado, la campana anunciaba el solemne Jlngelus vespertino, y en un gran sobresalto de emoeión sobrehumana, jlngéliao sentía como un temblor divino. AKDRKS GONZÁtEZ- BI ANCO UllíUJÜ DE ALbERTI